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UNA INVESTIGACIÓN DE LA NATURALEZA Y LAS CAUSAS DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES.
ADAM SMITH
LIBRO PRIMERO
DE LAS CAUSAS DE MEJORA DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS DEL TRABAJO Y DEL ORDEN DE ACUERDO AL CUAL SU PRODUCTO ES NATURALMENTE DISTRIBUIDO ENTRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DEL PAÍS
Traducción de este enlace y de este otro.
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Capitulo III - La División del trabajo está limitada por el tamaño del mercado
1.3.1 Así como el poder de intercambio da lugar a la división del trabajo, así la extensión de esta división debe siempre estar limitada por la extensión de aquel poder, en otras palabras, por la extensión del mercado público (*). Cuando el mercado es muy pequeño, nadie tiene el incentivo para dedicarse enteramente a una sólo profesión, por falta de poder intercambiar todo el excedente de la producción que procede de su propio trabajo, que está por encima de su propio consumo, por las partes de la producción de los demás hombres que excede del consumo ajeno [* en la edición de 1794 de la Viuda e Hijos de Santander, Valladolid, traducida por d. José Alonso Ortiz, figura la siguiente nota, que transcribo a continuación: "Por mercado público se entiende en toda la obra generalmente aquel gran teatro de negociación, permuta, compra y venta que forman todas las naciones del mundo, o todos los individuos de cada nación entre sí].
1.3.2 Existen ciertas clases de industria, incluso de aquellas de la más baja especie, que sólo pueden ser ejercidas en una ciudad grande. Un mozo que se dedique a acarrear maletas no puede encontrar la subsistencia en otro lugar que no sea una ciudad. Una aldea o pueblo es demasiado pequeño para él. Ni siquiera un pueblo grande con mercado es apenas lo suficientemente grande como para proporcionarle una ocupación constante. En las casas muy desperdigadas y en aldeas alejadas las unas de las otras, en las muy solitarias tierras altas de Escocia, cada granjero debe ser el carnicero, el panadero y el cervecero de su propia familia. En situaciones como esta escasamente podemos esperar encontrar un herrero, un carpintero o un albañil en un radio de unas veinte millas (1 milla = 1.609,344 metros, o sea, 20 millas eran 32,187 Km.). Las familias aisladas que viven a ocho o diez millas del más cercano de ellos deben aprender a realizar por sí mismos un gran numero de esas pequeñas tareas, para las que, en zonas más populosas pedirían la asistencia de uno de esos hombres. Los trabajadores del campo se ven obligados a aplicarse a sí mismos a las diferentes ramas de la industria que tienen mucha afinidad y a usar más o menos la misma clase de materiales. Un carpintero en el campo tiene que lidiar con toda clase de trabajos realizados en madera; un herrero campestre ha de hacer lo mismo con el hierro. El primero no es sólo un carpintero, sino también construye mueble y hace tallas decorativas, y construye ruedas, arados, coches, carros y carretas. Los distintos empleos del segundo son todavía más amplios. Es imposible que haya un sólo fabricante de clavos en todas las tierras altas de Escocia. Un trabajador de esta clase, a razón de mil clavos diarios y trabajando trescientos días anuales, fabricaría trescientos mil clavos al cabo del año. Pero en una situación como esa, le sería imposible vender un millar de clavos, es decir, la producción de un sólo día de trabajo.
1.3.3 Como por medio del transporte acuático se abre un mercado más amplio a toda clase de industria que el transporte terrestre, así pues es, a lo largo de la costa marítima, y a lo largo de las riberas de los ríos navegables que las industrias empiezan a subdividirse y mejorar ellas solas, y es frecuente que pase mucho tiempo en que esas mejoras se extiendan a las comarcas interiores de esas regiones. Un carretón de mucha anchura, conducida por dos hombres y tirada por ocho caballos en unas ocho semanas lleva y trae desde Londres a Edimburgo casi cuatro toneladas de mercancías. En, más o menos, el mismo tiempo, un barco navegado por seis u ocho hombres entre los puertos de Londres y Leith normalmente realiza el viaje de ida y vuelta transportando doscientas toneladas de mercancías. Seis u ocho hombres, pues, mediante el transporte marítimo, transportan la misma cantidad de mercancías y en el mismo tiempo que cincuenta carretones amplios conducidos por cien hombres y tiradas por cuatrocientos caballos. A las doscientas toneladas de mercancías transportadas por el método de transporte terrestre más barato de Londres a Edimburgo, le debe ser cargado el mantenimiento de un centenar de hombres y cuatrocientos caballos durante tres semanas, así como las reparaciones que son necesarias hacer en los cincuenta carros de gran tonelaje. Por el contrario, transportando la misma cantidad de mercancías por agua, sólo debe ser cargado el mantenimiento de seis u ocho hombres, así como el mantenimiento y las reparaciones de un barco de unas doscientas toneladas, amén del mayor coste del seguro de transporte por barco, con relación al transporte terrestre, debido al mayor riesgo. Donde no hay otro medio de transporte alternativo al terrestre, como sólo pueden transportarse aquellas mercaderías cuyo precio es alto en relación a su peso, de tal modo que sólo resulta posible una pequeña parte de aquel comercio existente entre dos ciudades portuarias, y por consiguiente sólo es posible una pequeña industria. Entre dos partes muy separadas del mundo sólo es posible un muy pequeño comercio, o incluso no hay comercio entre ellas. ¿Que mercancías pueden soportar las expensas del transporte entre Londres y Calcuta? Y si hubiera algo tan caro como para soportar tales expensas, ¿con que seguridad pueden ser transportadas a través de tan vastas extensiones marítimas y tan peligrosas naciones? Esas dos ciudades, sin embargo, realizan en el presente un comercio muy considerable, y ofreciéndose mutuamente un mercado, proporcionan cada una un apoyo muy bueno a la industria de la otra.
1.3.4 Así pues, dadas las ventajas del transporte marítimo, es natural que las primeras mejoras de la industria se realicen donde el comercio, a través de vías acuáticas, abre el mercado local al mundo entero para producir todo tipo de mercaderías, y se debería extenderse mucho más tarde a las partes interiores del país. Estas regiones interiores del país no pueden, durante mucho tiempo, disponer de otro mercado para la mayor parte de sus mercaderías, que la comarca que está a su alrededor y las separa de la costa marítima y de los grandes ríos navegables. La extensión de su mercado debe, por mucho tiempo, estar en proporción a la riqueza y población de esta comarca, y consecuentemente, su mejora deber ser siempre posterior a la mejora de dicha nación. En nuestras colonias de América del Norte las plantaciones han seguido siempre la línea de las costas o los ríos navegables y raramente se han extendido a considerable distancia de alguno de ellos.
1.3.5 Las naciones que, de acuerdo con la más autentificada historia, parece que fueron las primeras civilizadas, son las que habitaron las costas que rodean el mar Mediterráneo. Ese mar, de lejos el mayor lago del mundo conocido, no teniendo mareas, ni más olas que las producidas por la acción del viento, fue, por su superficie llana y por la multitud de sus islas, y por la proximidad de sus costas, extremadamente favorable para la infancia de la navegación mundial; cuando, por no haberse inventado la brújula, el hombre temía perder de vista la costa, y, por las imperfecciones del arte de construir navíos, lanzarse a las ruidosas olas del océano. Atravesar más allá de las columnas de Hércules [el estrecho de Gibraltar, denominado Columnas de Merkalt por los fenicios, Columnas de Heracles por los griegos y Columnas de Hércules por los romanos; constituía junto a Finisterre, el límite del mundo conocido, el «Non Terrae Plus Ultra», no hay tierra más allá], o lo que es lo mismo, navegar más allá del Estrecho de Gibraltar, fue, en el mundo antiguo, de largo considerado como la más maravillosa y peligrosa hazaña de la navegación. Incluso los fenicios y los cartagineses, los más expertos marinos y constructores de barcos, lo intentaron, y fue durante mucho tiempo los únicos que lo intentaron.
1.3.6 De todos las naciones a lo largo de la costa Mediterránea, parece que fueron los egipcios [el autor parece ignorar las distintas civilizaciones mesopotámicas, entre el Tigris y el Eufrates, en el sur del actual Irak, cuna de civilizaciones tan o más antiguas, como los sumerios y lo acadios] los primeros en que la agricultura y la manufactura fueron desarrolladas ambas hasta un nivel considerable. El alto Egipto se extiende apenas unas pocas millas del río Nilo, y en el bajo Nilo, donde el río se rompe en multitud de canales, los cuales, con la asistencia de un poco de empeño, parecen haber proporcionado comunicación fluvial no sólo entre las ciudades, sino además entre las villas y aldeas, e incluso entre las granjas; casi como de igual modo el Rhin y el Mosa lo hacen en Holanda en la actualidad. El alcance y la facilidad de la navegación interior fue, probablemente, una de las causas del temprano desarrollo de Egipto.
1.3.7 Las mejoras en la agricultura y las manufacturas también parecen de una gran antigüedad en las provincias de Bengala, en el este de la India y en algunas de las provincias del este de China; a pesar de cuya antigüedad no están autentificadas por ninguna historia confiable en esa parte del mundo. En Bengala, el Ganges y varios otros grandes ríos forman un gran número de canales navegables de igual manera que el Nilo lo hace en Egipto. También en las provincias orientales de China varios grandes ríos forman, con sus afluentes, una gran multitud de canales, y comunicándose los unos con los otros proporcionan una navegación interior mucho más extensa que la del Nilo o la del Ganges o quizás ambas juntas. Es de resaltar que ni los egipcios, ni los indios ni los chinos desarrollaron el comercio exterior, pero parece que su gran opulencia derivó de su navegación interior [En realidad, el autor, en este punto, se equivoca. La gran prosperidad de estas tres zonas, a diferencia de la de la Grecia clásica y de la Roma imperial, se debe a la gran fertilidad aportada por los limos que arrastran los grandes ríos de llanura, como en Nilo, el Tigris y el Eúfrates, el Ganges y el Yangtse, cerca de su desembocadura].
1.3.8 Todas las partes interiores de África y de Asia que están a considerable distancia de los mares Negro y Caspio, la antigua Escitia, la moderna Tartaria y Siberia parecen que en todas las eras humanas se encontraron en el mismo estado salvaje e incivilizado en que se encuentran actualmente. El mar de Tartaria es un mar helado que no admite navegación y, a pesar de que algunos de los más grandes ríos corren por sus tierras, están a mucha distancia los unos de los otros como para poder llevar algún comercio o transporte por sus aguas. No hay en África ninguno de esos mares interiores como los mares Báltico y Adriático en Europa, el Mediterráneo o el Mar Negro en Europa y Asia, y los golfos de Arabia, Persia, India, Bengala, y Siam en Asia como para transportar la mayor parte de ese comercio en ese gran continente; y los grandes ríos de África están a tan gran distancia los unos de los otros que no dan lugar a ninguna navegación interior. El comercio que una nación puede desarrollar a través de un río que no se rompe en un gran número de ramas o canales, y que se introduce en otro territorio antes de alcanzar el mar, nunca puede ser muy considerable, porque siempre están en manos de aquellas naciones que pueden interrumpir el comercio entre la parte superior de los ríos y el mar. La navegación a lo largo del Danubio es muy escasa entre los diferentes países de Baviera, Austria y Hungría en comparación con lo que podría ser si alguno de ellos poseyera todo su curso hasta que desemboca en el mar Negro.
