Capitulo III


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UNA INVESTIGACIÓN DE LA NATURALEZA Y LAS CAUSAS DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES.
ADAM SMITH

LIBRO PRIMERO

DE LAS CAUSAS DE MEJORA DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS DEL TRABAJO Y DEL ORDEN DE ACUERDO AL CUAL SU PRODUCTO ES NATURALMENTE DISTRIBUIDO ENTRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DEL PAÍS

Traducción de este enlace y de este otro.

[color naranja pág. 10]

Capitulo III - La División del trabajo está limitada por el tamaño del mercado

1.3.1 Así como el poder de intercambio da lugar a la división del trabajo, así la extensión de esta división debe siempre estar limitada por la extensión de aquel poder, en otras palabras, por la extensión del mercado público (*). Cuando el mercado es muy pequeño, nadie tiene el incentivo para dedicarse enteramente a una sólo profesión, por falta de poder intercambiar todo el excedente de la producción que procede de su propio trabajo, que está por encima de su propio consumo, por las partes de la producción de los demás hombres que excede del consumo ajeno [* en la edición de 1794 de la Viuda e Hijos de Santander, Valladolid, traducida por d. José Alonso Ortiz, figura la siguiente nota, que transcribo a continuación: "Por mercado público se entiende en toda la obra generalmente aquel gran teatro de negociación, permuta, compra y venta que forman todas las naciones del mundo, o todos los individuos de cada nación entre sí].
1.3.2 Existen ciertas clases de industria, incluso de aquellas de la más baja especie, que sólo pueden ser ejercidas en una ciudad grande. Un mozo que se dedique a acarrear maletas no puede encontrar la subsistencia en otro lugar que no sea una ciudad. Una aldea o pueblo es demasiado pequeño para él. Ni siquiera un pueblo grande con mercado es apenas lo suficientemente grande como para proporcionarle una ocupación constante. En las casas muy desperdigadas y en aldeas alejadas las unas de las otras, en las muy solitarias tierras altas de Escocia, cada granjero debe ser el carnicero, el panadero y el cervecero de su propia familia. En situaciones como esta escasamente podemos esperar encontrar un herrero, un carpintero o un albañil en un radio de unas veinte millas (1 milla = 1.609,344 metros, o sea, 20 millas eran 32,187 Km.). Las familias aisladas que viven a ocho o diez millas del más cercano de ellos deben aprender a realizar por sí mismos un gran numero de esas pequeñas tareas, para las que, en zonas más populosas pedirían la asistencia de uno de esos hombres. Los trabajadores del campo se ven obligados a aplicarse a sí mismos a las diferentes ramas de la industria que tienen mucha afinidad y a usar más o menos la misma clase de materiales. Un carpintero en el campo tiene que lidiar con toda clase de trabajos realizados en madera; un herrero campestre ha de hacer lo mismo con el hierro. El primero no es sólo un carpintero, sino también construye mueble y hace tallas decorativas, y construye ruedas, arados, coches, carros y carretas. Los distintos empleos del segundo son todavía más amplios. Es imposible que haya un sólo fabricante de clavos en todas las tierras altas de Escocia. Un trabajador de esta clase, a razón de mil clavos diarios y trabajando trescientos días anuales, fabricaría trescientos mil clavos al cabo del año. Pero en una situación como esa, le sería imposible vender un millar de clavos, es decir, la producción de un sólo día de trabajo.
1.3.3 Como por medio del transporte acuático se abre un mercado más amplio a toda clase de industria que el transporte terrestre, así pues es, a lo largo de la costa marítima, y a lo largo de las riberas de los ríos navegables que las industrias empiezan a subdividirse y mejorar ellas solas, y es frecuente que pase mucho tiempo en que esas mejoras se extiendan a las comarcas interiores de esas regiones. Un carretón de mucha anchura, conducida por dos hombres y tirada por ocho caballos en unas ocho semanas lleva y trae desde Londres a Edimburgo casi cuatro toneladas de mercancías. En, más o menos, el mismo tiempo, un barco navegado por seis u ocho hombres entre los puertos de Londres y Leith normalmente realiza el viaje de ida y vuelta transportando doscientas toneladas de mercancías. Seis u ocho hombres, pues, mediante el transporte marítimo, transportan la misma cantidad de mercancías y en el mismo tiempo que cincuenta carretones amplios conducidos por cien hombres y tiradas por cuatrocientos caballos. A las doscientas toneladas de mercancías transportadas por el método de transporte terrestre más barato de Londres a Edimburgo, le debe ser cargado el mantenimiento de un centenar de hombres y cuatrocientos caballos durante tres semanas, así como las reparaciones que son necesarias hacer en los cincuenta carros de gran tonelaje. Por el contrario, transportando la misma cantidad de mercancías por agua, sólo debe ser cargado el mantenimiento de seis u ocho hombres, así como el mantenimiento y las reparaciones de un barco de unas doscientas toneladas, amén del mayor coste del seguro de transporte por barco, con relación al transporte terrestre, debido al mayor riesgo. Donde no hay otro medio de transporte alternativo al terrestre, como sólo pueden transportarse aquellas mercaderías cuyo precio es alto en relación a su peso, de tal modo que sólo resulta posible una pequeña parte de aquel comercio existente entre dos ciudades portuarias, y por consiguiente sólo es posible una pequeña industria. Entre dos partes muy separadas del mundo sólo es posible un muy pequeño comercio, o incluso no hay comercio entre ellas. ¿Que mercancías pueden soportar las expensas del transporte entre Londres y Calcuta? Y si hubiera algo tan caro como para soportar tales expensas, ¿con que seguridad pueden ser transportadas a través de tan vastas extensiones marítimas y tan peligrosas naciones? Esas dos ciudades, sin embargo, realizan en el presente un comercio muy considerable, y ofreciéndose mutuamente un mercado, proporcionan cada una un apoyo muy bueno a la industria de la otra.
1.3.4 Así pues, dadas las ventajas del transporte marítimo, es natural que las primeras mejoras de la industria se realicen donde el comercio, a través de vías acuáticas, abre el mercado local al mundo entero para producir todo tipo de mercaderías, y se debería extenderse mucho más tarde a las partes interiores del país. Estas regiones interiores del país no pueden, durante mucho tiempo, disponer de otro mercado para la mayor parte de sus mercaderías, que la comarca que está a su alrededor y las separa de la costa marítima y de los grandes ríos navegables. La extensión de su mercado debe, por mucho tiempo, estar en proporción a la riqueza y población de esta comarca, y consecuentemente, su mejora deber ser siempre posterior a la mejora de dicha nación. En nuestras colonias de América del Norte las plantaciones han seguido siempre la línea de las costas o los ríos navegables y raramente se han extendido a considerable distancia de alguno de ellos.
1.3.5 Las naciones que, de acuerdo con la más autentificada historia, parece que fueron las primeras civilizadas, son las que habitaron las costas que rodean el mar Mediterráneo. Ese mar, de lejos el mayor lago del mundo conocido, no teniendo mareas, ni más olas que las producidas por la acción del viento, fue, por su superficie llana y por la multitud de sus islas, y por la proximidad de sus costas, extremadamente favorable para la infancia de la navegación mundial; cuando, por no haberse inventado la brújula, el hombre temía perder de vista la costa, y, por las imperfecciones del arte de construir navíos, lanzarse a las ruidosas olas del océano. Atravesar más allá de las columnas de Hércules [el estrecho de Gibraltar, denominado Columnas de Merkalt por los fenicios, Columnas de Heracles por los griegos y Columnas de Hércules por los romanos; constituía junto a Finisterre, el límite del mundo conocido, el «Non Terrae Plus Ultra», no hay tierra más allá], o lo que es lo mismo, navegar más allá del Estrecho de Gibraltar, fue, en el mundo antiguo, de largo considerado como la más maravillosa y peligrosa hazaña de la navegación. Incluso los fenicios y los cartagineses, los más expertos marinos y constructores de barcos, lo intentaron, y fue durante mucho tiempo los únicos que lo intentaron.
1.3.6 De todos las naciones a lo largo de la costa Mediterránea, parece que fueron los egipcios [el autor parece ignorar las distintas civilizaciones mesopotámicas, entre el Tigris y el Eufrates, en el sur del actual Irak, cuna de civilizaciones tan o más antiguas, como los sumerios y lo acadios] los primeros en que la agricultura y la manufactura fueron desarrolladas ambas hasta un nivel considerable. El alto Egipto se extiende apenas unas pocas millas del río Nilo, y en el bajo Nilo, donde el río se rompe en multitud de canales, los cuales, con la asistencia de un poco de empeño, parecen haber proporcionado comunicación fluvial no sólo entre las ciudades, sino además entre las villas y aldeas, e incluso entre las granjas; casi como de igual modo el Rhin y el Mosa lo hacen en Holanda en la actualidad. El alcance y la facilidad de la navegación interior fue, probablemente, una de las causas del temprano desarrollo de Egipto.
1.3.7 Las mejoras en la agricultura y las manufacturas también parecen de una gran antigüedad en las provincias de Bengala, en el este de la India y en algunas de las provincias del este de China; a pesar de cuya antigüedad no están autentificadas por ninguna historia confiable en esa parte del mundo. En Bengala, el Ganges y varios otros grandes ríos forman un gran número de canales navegables de igual manera que el Nilo lo hace en Egipto. También en las provincias orientales de China varios grandes ríos forman, con sus afluentes, una gran multitud de canales, y comunicándose los unos con los otros proporcionan una navegación interior mucho más extensa que la del Nilo o la del Ganges o quizás ambas juntas. Es de resaltar que ni los egipcios, ni los indios ni los chinos desarrollaron el comercio exterior, pero parece que su gran opulencia derivó de su navegación interior [En realidad, el autor, en este punto, se equivoca. La gran prosperidad de estas tres zonas, a diferencia de la de la Grecia clásica y de la Roma imperial, se debe a la gran fertilidad aportada por los limos que arrastran los grandes ríos de llanura, como en Nilo, el Tigris y el Eúfrates, el Ganges y el Yangtse, cerca de su desembocadura].
1.3.8 Todas las partes interiores de África y de Asia que están a considerable distancia de los mares Negro y Caspio, la antigua Escitia, la moderna Tartaria y Siberia parecen que en todas las eras humanas se encontraron en el mismo estado salvaje e incivilizado en que se encuentran actualmente. El mar de Tartaria es un mar helado que no admite navegación y, a pesar de que algunos de los más grandes ríos corren por sus tierras, están a mucha distancia los unos de los otros como para poder llevar algún comercio o transporte por sus aguas. No hay en África ninguno de esos mares interiores como los mares Báltico y Adriático en Europa, el Mediterráneo o el Mar Negro en Europa y Asia, y los golfos de Arabia, Persia, India, Bengala, y Siam en Asia como para transportar la mayor parte de ese comercio en ese gran continente; y los grandes ríos de África están a tan gran distancia los unos de los otros que no dan lugar a ninguna navegación interior. El comercio que una nación puede desarrollar a través de un río que no se rompe en un gran número de ramas o canales, y que se introduce en otro territorio antes de alcanzar el mar, nunca puede ser muy considerable, porque siempre están en manos de aquellas naciones que pueden interrumpir el comercio entre la parte superior de los ríos y el mar. La navegación a lo largo del Danubio es muy escasa entre los diferentes países de Baviera, Austria y Hungría en comparación con lo que podría ser si alguno de ellos poseyera todo su curso hasta que desemboca en el mar Negro.

Capítulo II



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CAPÍTULO II

Del Principio que da ocasión a la División del Trabajo


Traducción de este enlace, o de este otro.




1.2.1 [La propensión al comercio es la causa última de la división del trabajo] Esta división del trabajo, de la cual se derivan tantas ventajas, no es originalmente el efecto de alguna sabiduría humana que prevé y dirige esa opulencia general a la cual ella da ocasión. Esta es la necesaria, aunque muy lenta y gradual, consecuencia de una cierta propensión en la naturaleza humana, la cual no tiene en vista semejante utilidad; la propensión a tratar, canjear y cambiar una cosa por otra.
1.2.2 Si esta propensión es uno de aquellos principios originales de la naturaleza humana de la cual ninguna explicación adicional puede darse; o si, como parece más probable, es la necesaria consecuencia de las facultades de la razón y el lenguaje, no pertenece al objeto de nuestra investigación. Es común a todos los hombres, y no se puede encontrar en otra raza de animales, quienes parecen no conocer ni este ni otra especie de contratos. Dos galgos corriendo tras la misma liebre, tienen a veces la apariencia de actuar en alguna especie de acción concertada. Cada uno de ellos empuja la liebre hacia su compañero o trata de interceptarla cuando el otro la empuja hacia su camino. Pero este no es el efecto de ningún contrato, sino la concurrencia accidental de sus pasiones en el mismo objeto en ese momento particular. Nunca nadie vio a un perro hacer un intercambio justo y deliberado de un hueso por otro hueso con otro perro. Nadie nunca vio a un animal indicar con sus gestos y gritos naturales esto es mío y esto es tuyo y deseo darte esto a cambio de eso. Cuando un animal desea obtener algo, bien de un animal, bien de una persona, no tiene otro medio de persuasión que ganar el favor de aquellos cuyos servicios requiere. Un pequeño cachorro adula a su madre, y un spaniel trata mediante un millar de distracciones atrapar la atención de su amo quien está en la mesa comiendo, cuando quiere ser alimentado por su amo. El hombre a veces usa las mismas artes con sus hermanos, y cuando no tiene otros medios de pactar con ellos para actuar de acuerdo a sus inclinaciones, procurando con cada servil y adulador atención obtener su voluntad. El hombre no tiene tiempo, sin embargo, de hacer lo mismo en cada ocasión. En la sociedad civilizada, el hombre espera siempre la cooperación y asistencia de grandes multitudes, mientras su vida entera es escasamente suficiente como para obtener la amistad de unas pocas personas. En casi todas las demás razas de animales cada individuo, cuando es adulto, es enteramente independiente, y en su estado natural, no tiene ocasión de la asistencia de ninguna otra criatura viviente. Pero el hombre tiene constantemente ocasiones de obtener la ayuda de sus hermanos, y en vano esperar su ayuda únicamente de su benevolencia. Es más probable para él prevalecer si puede interesar en su autoestima y enseñarles que es por su propia ventaja hacer por él lo que se requiere de ellos. Cualquiera que ofrezca a otros una oferta de cualquier clase, se lo propone. Dame aquello que yo quiero, y tu obtendrás lo que tu quieres, es el significado de este tipo de ofertas; y es de esta manera que nosotros obtenemos de otra persona la mayor parte de aquellas mercancías que nosotros esperamos de ellos. No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero, del panadero que nosotros esperamos nuestra comida, sino del cuidado de su propio interés. Nos dirigimos a ellos no a su humanidad, sino a su propio interés, y nunca les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas. Nadie excepto un mendigo elige depender de la benevolencia de sus propios ciudadanos. Incluso un mendigo no depende enteramente de ello. Si bien es cierto que la caridad de la gente bien dispuesta, incluso le suministra con todos los fondos de su existencia, también es cierto que no todo lo que le es suministrado lo es en el momento en que lo necesita. La mayor parte de sus necesidades ocasionales son suministradas de aquella otra gente, por amenazas, por intercambios, y por adquisición. Con el dinero que un hombre le da, él compra comida. Las ropas viejas que el intercambió por otras ropas viejas que le sentaban mejor, o por alojamiento o comida, o por dinero, por el cual él pueda comprar comida, ropa o alojamiento, tan pronto tenga ocasión.
1.2.3 Bien sea por intercambio, permuta o compra, nosotros obtenemos de otro la mayor parte de las mercaderías que nos proporcionan, a ambos, mutuos beneficios y de las que tenemos necesidad, por lo que de esta misma disposición a comerciar da originalmente lugar a la división del trabajo. En una tribu de cazadores o pastores una persona en particular hace arcos y flechas, por ejemplo, con más disposición y destreza que cualquier otro. A menudo intercambia los arcos y flechas por ganado o venado con sus compañeros, y se encuentra al fin que puede de esta manera obtener más ganado y venado que si él mismo hubiese ido a la selva a la captura de ellos. Desde un punto de vista respecto a su propio interés, por lo tanto, la elaboración de arcos y flechas pasa a ser su principal negocio, y él se convierte en una especie de armero. Otro sobresale en hacer las estructuras de sus chozas y casas móviles y se ocupa de ellas. Él está acostumbrado a ser útil de esta manera a sus vecinos, que le recompensan de la misma manera con ganado y con venado, hasta que por fin lo encuentra su interés para dedicarse enteramente a este trabajo, y convertirse en una especie de carpintero de casas. De la misma manera una tercera persona se convierte en un herrero o fabricante de calderero, un cuarto o un curtidor de pieles o sastre. Y, por tanto, la certeza de poder intercambiar todo la parte excedente de la producción de su propio trabajo, que está por encima de su propio consumo, por esa parte de la producción de otros hombres, alienta a todos los hombres a aplicarse a sí mismos a una particular ocupación, y para cultivar y llevar a la perfección sea cual sea el talento o el genio que puede tener para esa especie en particular labor.
1.2.4 La diferencia en los talentos naturales en diferentes hombres es, en realidad, mucho menos de lo que pensamos; y las muy diferentes capacidades que parecen distinguir los hombres de diferentes profesiones, cuando llegan a la madurez, en muchas ocasiones no es tanto la causa como el efecto de la división del trabajo. La diferencia entre los caracteres más disímiles, entre un filósofo y un portero común, parece que no es debido más a la naturaleza que al hábito, a la costumbre y a la educación. Cuando ambos vienen al mundo, y hasta la edad de seis o siete años, son quizás muy similares, y ni sus padres ni sus compañeros de juegos podrían notar ninguna diferencia relevante. Alrededor de esa edad, o poco después, son empleados en diferentes ocupaciones. Debemos tomar nota de la diferencia de talentos, que se amplía por grados, hasta que por fin la vanidad del filósofo no está dispuesto a reconocer que hay mucha semejanza entre uno y otro. Pero sin la disposición al transporte, el trueque y el intercambio, todo hombre debe procurarse a sí mismo cada conveniencia y necesidad de la vida que él quisiera. Todos deberían tener los mismos deberes para llevar a cabo, y el mismo trabajo que hacer, y no podría haber ninguna diferencia de empleo por que de por sí sola no podría dar motivo a ninguna gran diferencia de talentos.
1.2.5 De igual modo esa tendencia es la que da lugar a la diferencia de capacidades tan notable entre hombres de procedencias distintas, es también esa tendencia la que convierte en útil la diferencia de capacidades. Muchas clases de animales que se sabe pertenecen a la misma especie, están dotadas por la naturaleza con una diferencia de capacidades mucho más notable que la que, según parece, existe entre los hombres con antelación a los hábitos y a la educación que reciban. El filósofo no nace con un talento y unas tendencias tan diferentes de las de un mozo de cuerda como las que distinguen al mastín del galgo, o al galgo del perro olfateador, o a este último del perro pastor. Sin embargo, aunque todas esas diferentes razas de animales pertenecen a la misma especie, apenas si son útiles las unas a las otras. La fortaleza del mastín nunca se ve apoyada ni por la rapidez del galgo, ni por la astucia del perro olfateador, ni por la docilidad del perro pastor. Debido a la ausencia de esa capacidad o tendencia para el trueque y el intercambio, no es posible reducir a un depósito común los efectos que se derivan de estas diferencias de dotes y de talentos, y por esa razón, estos no contribuyen en nada a que la especie se encuentre mejor atendida en sus necesidades y comodidades. Cada animal sigue obligado a defenderse y sostenerse por si mismo, separadamente e independientemente, y no saca ventaja de ninguna clase de esa variedad de capacidades que la naturaleza ha distribuído entre sus compañeros. Entre los hombres, por el contrario, hasta los talentos más dispares son de utilidad los unos para los otros; gracias a esa disposición general para el trueque, la permuta y el intercambio, los frutos diversos de sus talentos respectivos son puestos, como si dijeramos, en un depósito común, en el que cada uno de los hombres la parte del fruto del talento de los demás que necesite.

Introducción



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ADAM SMITH

LIBRO PRIMERO

DE LAS CAUSAS DE MEJORA DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS DEL TRABAJO Y DEL ORDEN DE ACUERDO AL CUAL SU PRODUCTO ES NATURALMENTE DISTRIBUIDO ENTRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DEL PAÍS

0 INTRODUCCIÓN Y PLAN DE LA OBRA.


Enlace general: online-literature, e Introducción y plan de la obra.

EDICIÓNES ALTERNATIVAS. enlace general: Wikisource. Introducción y plan de la obra; Project Gutenberg enlace general y enlace de este capítulo; Library of Economics and Liberty enlace general e Introducción.



En español: tomo I, tomo II, tomo III y tomo IV

0.1 El trabajo anual [*] de cada nación es el fondo que la suministra con todo lo necesario y conveniente para la vida y que anualmente esta consume, y el cual consiste siempre, o del inmediato producto del trabajo, o de lo con él se adquiere procedente de otras naciones. [* A diferencia de los viejos economistas ingleses que consideraban la riqueza de una nación como un acervo acumulado durante años, Adam Smith, siguiendo a los fisiócratas, considera que la riqueza es la suma de la cantidad de bienes producidos en una nación en un año. Consultar la diferencia entre fondo y flujo].

0.2 Por consiguiente, según este principio, con este producto, o lo que es comprado con él, está relacionado con el número de aquellos que hay para consumirlo, la nación estará peor o mejor suministrada de todas las cosas necesarias y convenientes [¿alude al PIB per capita?].

0.3 Pero esta proporción debe en cada nación ser regulada por dos diferentes circunstancias; primero, la destreza, habilidad y juicio de aquellos que trabajan [¿Se refiere a la productividad?]; y, en segundo lugar, por la proporción entre el número de aquellos que son empleados en labores útiles y el de aquellos otros que no lo son. Cualquiera que sea la tierra, el clima o la extensión del territorio de cada nación en particular, la abundancia o la escasez de su suministro anual, depende de estas dos circunstancias. [Habría que ver que entiende el autor por labores útiles, pero pienso que se refiere a los que trabajan transformando cosas, como la agricultura y la manufactura, en cuyo caso no serían labores útiles oficios como criados, religiosos, etc. Pero es sólo una hipótesis. Por otra parte, el capítulo XVI del Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, de Richard Cantillon, aborda este tema desde una persectiva diferente].

0.4 La abundancia o escasez de este suministro, también, parece depender más de la primera de estas dos circunstancias que de la última. Entre las naciones salvajes de cazadores y pescadores, cada individuo apto para trabajar, está más o menos empleado en labores útiles, y procura suministrar, en tanto esté de su parte, las cosas convenientes y necesarias para la vida, para sí mismo o para aquellos miembros de su familia que sean, demasiado viejos, demasiado jovenes o demasiado débiles para ir de pesca o de caza. Estas naciones, sin embargo, son tan tristemente pobres que son frecuentemente reducidas o al menos eso piensan ellos mismos, a la necesidad a veces de abandonar directamente a sus infantes, sus viejos y a aquellos que son afligidos por enfermedades que tardan en desaparecer, a perecer de hambre o a ser devorados por fieras salvajes. En las naciones civilizadas y prósperas, al contrario, a pesar del gran número de personas que no trabajan en absoluto, muchos de los cuales consumen el producto frecuentemente cien veces mayor que la mayor parte de los que trabajan, el producto de todo el trabajo de la sociedad es tan grande que todo él es frecuentemente suministrado a quienes lo necesitan, y un trabajador, incluso de las categorías más bajas y pobres, si es frugal y laborioso, puede disfrutar de una gran parte de las necesidades y conveniencias de la vida que un salvaje no podrá adquirir.[¿Alude Smith a la inequidad social?].

0.5 Las causas de esta mejora en la productividad del poder del trabajo, y el orden social, de acuerdo al cual es naturalmente distribuido entre los diferentes rangos y condiciones del hombre en la sociedad, es el sujeto del primer libro de esta Investigación. [En realidad el libro primero solo estudia una causa, la división del trabajo, por lo que entendemos que esta frase debería estar en singular: La causa de esta mejora...].

0.6 Cualquiera que sea el actual estado de la habilidad, destreza y juicio con los cuales el trabajo es aplicado en cada nación, la abundancia o escasez de su suministro actual depende, durante la continuidad de este estado, de la proporción entre el número de aquellos que son naturalmente empleados en labores útiles, y de aquellos que no lo son. El número de trabajadores útiles y productivos, como veremos de aquí en adelante, está en cualquier lugar en proporción a la cantidad de capital en stock que es empleado en darles trabajo, y la manera particular en que este es empleado. [Smith plantea una relación fija y creciente entre el trabajo y el capital, es decir, en una gráfica se representaría como una línea recta creciente en el cuadrante superior derecha del esquema de ordenadas y abcisas, y con orígen en el punto 0-0. Sin embargo, pocas décadas después de la publicación de este libro apareció el ludismo, que plantea una relación substitutiva entre trabajo y capital. Veáse ludismo en wikipedia]. El libro segundo, por lo tanto, trata de la naturaleza del stock de capital, de la manera en que este es gradualmente acumulado, y de las diferentes cantidades de trabajo que pone en marcha, de acuerdo en las diferentes maneras en que este es empleado.

0.7 Las naciones bastante avanzadas por su habilidad, destreza y juicio en la aplicación del trabajo han seguido diferentes planes en el modo general de emplearlo y en la dirección del mismo; pero esos planes no han sido todos igualmente favorables al aumento del producto. La política de algunas naciones han dado extraordinario aliento a la industria del campo, y otras a la industria de las ciudades. Escasas naciones han tratado igual e imparcialmente a ambas clases de industria. Desde la caída del Imperio Romano, la política en Europa ha sido más favorable a las artes, las manufacturas y el comercio, actividades económicas propias de las ciudades, que a la agricultura y las tareas del campo. Las circunstancias que parecen haber introducido y establecido esta política son explicadas en el tercer libro.

0.8 A pesar de que esos diferentes planes fueron, quizás, promovidos por los intereses privados y los perjuicios de órdenes particulares de hombres sin ninguna consideración a las consecuencias sobre la riqueza general de la sociedad, ello ya han dado ocasión a diferentes teorías de Económica Política, de las cuales, algunas exageran la importancia de la industria urbana, otros exageran la importancia de la industria rural. Estas teorías han tenido una influencia notable, no sólo en los hombres de sabiduría, sino también en la conducta pública de los príncipes y estados soberanos. He procurado, en el libro cuarto, explicar de la forma más completa y clara que he podido, las distintas teorías, así como los principales efectos que han producido en las diferentes épocas y naciones.

0.9 El objeto de los cuatro primeros libros ha sido explicar en que consisten los ingresos de la mayor parte de la nación, o cual ha sido la naturaleza de estos fondos que, en diferentes edades y naciones, han suministrado el consumo anual. El quinto y último libro trata de los ingresos del soberano o de la Nación. En este libro he procurado enseñar, primero, cuales son los gastos necesarios del soberano, o de la Nación; cuales de estos gastos, cuales de estas expensas deben ser soportadas por la contribución general de toda la sociedad; y cuales de ellas por una sola parte particular de ella, o por algunos miembros particulares de ella: en segundo lugar, cual de los diferentes métodos en el cual toda la sociedad debe ser llamada a contribuir las riquezas relativas a toda la sociedad y cuales son las principales ventajas e inconvenientes de cada uno de estos métodos: y en tercer y último lugar, cuales son las razones y causas que han inducido a casi todos los gobiernos modernos a hipotecar parte de sus ingresos, o contraer deudas y cuales son los efectos de esas deudas en la riqueza general, el producto anual de la tierra y el trabajo de la sociedad.

FIN DE LA INTRODUCCIÓN

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