Capítulo IV


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UNA INVESTIGACIÓN DE LA NATURALEZA Y LAS CAUSAS DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES.
ADAM SMITH

LIBRO PRIMERO
DE LAS CAUSAS DE MEJORA DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS DEL TRABAJO Y DEL ORDEN DE ACUERDO AL CUAL SU PRODUCTO ES NATURALMENTE DISTRIBUIDO ENTRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DEL PAÍS

Capítulo IV - Del Origen y Uso del Dinero

Traducción de este enlace o de este otro.

1.4.1 Cuando la división del trabajo ha sido completamente establecida, sólo una muy pequeña parte de las necesidades del hombre pueden ser producidas por su propio trabajo. Él obtiene la mayor parte de ellas mediante el intercambio del excedente del producto de su propio trabajo y que excede a su propio consumo, por aquella parte del producto de otros hombres que excede a sus necesidades. Todos los hombres viven del intercambio, y se convierte en alguna medida en comerciante, y la sociedad se desarrolla y se transforma en una sociedad comercial.
1.4.2 Pero cuando la división del trabajo empezó a tomar lugar, este poder de intercambio debió frecuentemente sufrir tropiezos y atascos. Supongamos que un hombre tiene de una cierta mercancía de sobra, y otro dispones de menos de lo que necesita. El primero estaría encantado pues, de disponer de lo que le sobra, y el segundo de adquirirlo. Pero si el segundo no dispone de alguna mercancía en exceso que el primero necesite, ningún intercambio puede ser realizado entre los dos. El carnicero tiene en su tienda más carne de la que él puede consumir, y el cervecero y el panadero estarían deseosos de poder adquirir una parte de ella. Pero ellos no tienen nada más que ofrecerle al carnicero que los excedentes de su propia producción. Pero si ellos no tienen nada que ofrecer a cambio que las producciones de sus propios negocios, y el carnicero está ya provisto de la cerveza y el pan que necesita, no se podrá concretar ningún intercambio. Él no podrá ser su proveedor ni ellos sus clientes, y ninguno de los tres podrá prestar ningún servicio al otro. En este caso, no se podrá realizar entre ellos ningún intercambio. Él no puede ser comerciante, ni ellos sus clientes. Los tres serían poco útiles entre ellos. Para evitar los inconvenientes de situaciones similares, cualquier hombre prudente, en cualquier período de la sociedad posterior al primer establecimiento inicial de la división del trabajo, se ha esforzado en manejar sus propios asuntos de tal manera que tenga a su disposición, en cualquier momento, además del peculiar producto de su propia industria, una cierta cantidad de alguna mercancía que ellos imaginasen que pocas personas podrían rechazar en intercambio del producto de su propia industria.
1.4.3 Muchas diferentes mercancías probablemente fueron sucesivamente imaginadas y probadas para este propósito. Se ha dicho que en las rudas etapas de la sociedad el ganado fue imaginado y empleado como instrumento de comercio. Y aunque el ganado ha tenido algún inconveniente, incluso en los tiempos más primitivos, nos encontramos con cosas que a menudo se valoran en función del número de cabezas de ganado por las que habían sido intercambiadas. Dice Homero que la armadura de Diómedes costó sólo nueve bueyes, pero la de Glauco costó cien. Se dice que la sal es uno de los instrumentos usuales de comercio en Abisinia; una especie de conchas en algunas partes de las costas de la India; bacalao seco en Terranova; tabaco en Virginia; azúcar en algunas partes de nuestras colonias en las Indias Occidentales [en el original dice West India Colonies, que no hay que confundir con las colonias británicas en la India, sino que en la actualidad son Antigua y Barbuda, las Bahamas, Barbados, Dominica, Granada, Jamaica, Trinidad y Tobago y otras islas anglófonas del Caribe. Ignoro si en 1776 era la misma relación]; los cueros, curtidos o no, en algunos otros países; y me dicen que hoy en día hay una aldea en Escocia, donde no es raro que un trabajador lleve clavos en lugar de dinero en la panadería o en el pub.
1.4.4 Sin embargo, en todos los países y por razones irresistibles, parece que los hombres por fin han determinado dar la preferencia, para este uso, a los metales por encima de cualquier otra mercancía. Los metales no sólo puede ser mantenidos con la más mínima pérdida que cualquier otra mercancía no perecedera - escasas mercaderías son menos perecederos que los metales - pero pueden también, sin ningún tipo de pérdida, ser subdivididos en numerosas partes, al tiempo que, mediante la fusión, pueden las partes ser reunidas de nuevo, y esta es la principal cualidad los hace especialmente aptos para ser instrumentos del comercio y la circulación. El hombre que quiere comprar sal, por ejemplo, y no tiene otra cosa excepto ganado que ofrecer en cambio, se ve obligado a comprar sal a cambio por un toro entero o una oveja entera. Difícilmente podrá comprar menos de esta cantidad, porque lo que él ofrece a cambio por la sal difícilmente podrá ser subdividido sin pérdida. Y si él tiene en mente comprar el doble o el triple de sal, se verá obligado a comprar sal por el valor de dos o tres toros, o dos o tres ovejas. Si, al contrario, en lugar de ovejas o bueyes, él tuviera metales para dar a cambio, podría fácilmente ajustar la cantidad exacta de metal a la cantidad de mercancía que él necesita.
1.4.5 Con este propósito se han usado diferentes metales por diferentes naciones. El hierro fue el instrumento común de comercio entre los antiguos espartanos; el cobre entre los antiguos romanos, y el oro y la plata entre todas las naciones ricas y comerciales.
1.4.6 Con este propósito estos metales parecen que originalmente fueron usados en simples y toscas barras, sin ninguna estampilla o acuñación. Así pues, como nos dice Plinio [NOTA: copio la nota que figura en la edición online de la Viuda e Hijos de Santander, Valladolid, 1794, traducida por don José Alonso Ortiz: Plinio, Historia Natural, libro 33, capítulo III], bajo la autoridad de Timeo, un antiguo historiador, que hasta los tiempos de Servio Tulio, los romanos no tenían dinero acuñado, pero hicieron uso de barras de cobre sin estampillar para las compras. Esas barras realizaban, por lo tanto, la función del dinero.
1.4.7 El uso de los metales en ese estado rudo tenían dos inconvenientes muy importantes: primero, el problema del pesaje, y segundo, el de comprobar su pureza. En los metales preciosos, donde una pequeña diferencia en la cantidad hace una gran diferencia en el valor, incluso la actividad de pesaje, con la debida exactitud, requiere el uso de balanzas y pesas por lo menos muy exactas. El pesaje de oro, en particular, es una operación de alguna delicadeza. En los metales más toscos, de hecho, donde un pequeño error sería de poca consecuencia, no es necesaria tanta precisión. Sin embargo, debemos encontrar excesivamente molesto, si cada vez que un pobre hombre tiene necesidad, ya sea para comprar o vender un penique del valor de las mercancías, se vio obligado a sopesar el penique [En realidad, el farthing no es un penique, sino más bien un cuarto de penique, pero esa moneda no existe ya, y como desconozco su traducción al castellano, lo dejo como penique, que en realidad hoy cumple el valor del farthing, es decir, como moneda de calderilla. Otros traducen por ardite, pero esta era una moneda castellana de poco valor (ver este la definición de ardite en este enlace de Wordreference) tan desconocida como el farthing en tierras de habla española, por lo que usar esta palabra sería de escasa utilidad. En Google, imágenes de ardites, y de farthings]. La operación de testar la pureza del metal es aún más difícil, aún más tediosa, y, a menos que una parte del metal sea bastante fundido en un crisol, con disolventes adecuados, cualquier conclusión que puede extraerse de ella, es sumamente incierta. Antes de que la institución del dinero acuñado, sin embargo, a menos que fue a través de esta tediosa y difícil operación, las personas estuvieron siempre sujetas a los más groseros fraudes e imposiciones, y en lugar de una libra de peso de pura plata, o cobre puro, podría recibir, a cambio por sus productos, una composición adulterada de los materiales más baratos y rudos, que, sin embargo, en su aspecto exterior, se asemejan a los metales. Para impedir esos abusos, a fin de facilitar los intercambios y, por ende, para alentar todos los tipos de la industria y el comercio, se ha considerado necesario, en todos los países que han hecho algún avance considerable, a colocar un sello público a determinadas cantidades de este tipo de metales utilizados para la adquisición de bienes. De ahí el origen del dinero acuñado, y de las oficinas públicas llamadas casas de la moneda; instituciones exactamente de la misma naturaleza con las de los aulnagers [aulnager o analger = oficial al cargo de la inspección de la lana o de los artículos hechos de lana] o estampilladores de lana de lino. Todos ellos son igualmente destinados a determinar, por medio de un sello público, la cantidad y la bondad de los diferentes productos básicos, llevados al mercado.
1.4.8 Los primeros sellos públicos de este tipo que se acuñaron sobre los metales parece que en muchos casos fueron destinados a determinar, aquello que era tanto más difícil y más importante, la calidad o la pureza de metal, y que se asemejaba a la marca esterlina que es en la actualidad se coloca en las placas y las barras de plata, o de las marcas españolas que a veces es colocada en lingotes de oro, y que son estampilladas sólo a un lado de la pieza, y no cubren toda la superficie, y da prueba de la finura pero no del peso del metal. Abraham pesa a Ephron los cuatrocientos siclos [shekels en el original] de plata [[NOTA: copio la nota que figura en la edición online de la Viuda e Hijos de Santander, Valladolid, 1794, traducida por don José Alonso Ortiz: Siclo era una moneda que usaban los Hebreos y era de dos especies; una llamada del Santuario y otra Siclo de la Congregación; la primera pesaba 4 ochavas castellanas, que componen media onza, y el siclode la Congregación la mitad o dos ochavas solamente] que había accedido a pagar por el campo de los Machpelah. Se decía, sin embargo, que a pesar de ser dinero normalmente usado por los comerciantes, son pesadas y no aceptado bajo palabra, de la misma manera que los lingotes de oro y barras de plata lo son en la actualidad. Los ingresos de los antiguos reyes sajones de Inglaterra se decía que debían ser pagadas, no en dinero, sino en vituallas y provisiones de toda clase. Guillermo el Conquistador introdujo la costumbre de pagarlas en dinero. Ese dinero, sin embargo, fue durante mucho tiempo recibido por el Tesoro, en atención a su peso, no a cuenta.
1.4.9 La inconveniencia y la dificultad de pesar aquellos metales con exactitud dio ocasión a la institución de las monedas, de la cual el estampillado, cubriendo enteramente ambas caras, y a veces el borde también, supuestamente aseguraban, no sólo la finura, sino también el peso del metal. Dichas monedas, sin embargo, son recibidas como en el presente a cuenta, sin el inconveniente del pesaje.
1.4.10 La denominación de aquellas monedas parecen que originalmente expresaban el peso el peso de la cantidad de metal contenida en ellas. En los tiempos de Servio Tulio, quién fue el primero en acuñar moneda en Roma, el as romano o pondo, contenía inicialmente una libra romana de buen cobre. Este, a su vez, fue subdividido, de la misma manera que nuestra libra Troy en doce onzas Troy, cada una de las cuales contenía una onza de buen cobre [una onza Troy es exactamente 31.1034768 gramos y una onza Avoirdupois es exactamente 28.349523125 gramos, pero la libra Troy equivale a doce onzas Troy y la libra Avoirdupois equivale a 16 onzas Avoirdupois, con lo que se da la paradoja que una libra Avoirdupois (aprox. 454 gramos) pesa más que una libra Troy (aprox. 373 gramos). La compra de metales preciosos, oro, plata y platino, aún hoy en día se realiza en libras Troy, por ejemplo, en eBay, lo que puede llevar a engaño a un inocente comprador, ya que la libra actual pesa aprox. lo mismo que una Avoirdupois, es decir, 453.59237 gramos, mientras que los metales preciosos se compran y venden en libras Troy]. La libra esterlina inglesa, en los tiempos de Eduardo I, contenía una libra peso Tower de plata, de finura conocida [Una libra peso Tower equivale a 350 gramos]. La libra Tower parece que tenía algo más que una libra romana [273 grs.] y algo menos que la libra Troy [373,35 grs., o este enlace]. Esta última no fue introducida en las Casas de acuñación hasta el año decimoctavo del reinado de Enrique VIII. La libra francesa [aquí el autor usa la expresión «The French livre» en vez de «The Freanch pound», pues era conocida por el primero y no por el segundo (livre es libra en francés y pound libra en inglés)] contenía en los tiempos de Carlomagno una libra [aquí usa la palabra inglesa «pound»] peso Troy, de plata de una reconocida finura [en Francia habían varios pesajes llamados livres; los más conocidos la libra Troy (de Troyes) y la libra de Paris. Parece que aquí se refiere a la primera]. La feria de Troyes, en la Champaña francesa era en aquel tiempo frecuentada por todas las naciones de Europa, y los pesos y las medidas de tan famoso mercado eran generalmente conocidas y estimadas. Una libra de dinero escocés contenía, desde el tiempo de Alejandro I hasta el de un tal Roberto Bruce [del siglo XII al XIV] una libra de plata del mismo peso y finura que la libra esterlina inglesa. Los peniques ingleses, escoceses y franceses, también, contenían todos originalmente el peso de un penique de plata, la vigésima parte de una onza y la doscientas cuarentava parte de una libra [en la actualidad el Reino Unido usa el sistema decimal y una libra equivale a 100 peniques, no a 240]. El chelín también parece originalmente ser una denominación de peso. Dice un viejo estatuto [ley] de Enrique III: "Cuando el trigo estaba a doce chelines el cuartal [pan que era la cuarta parte de una hogaza, y una hogaza era un pan de más de 2 libras], un pan blanco y fino por valor de un farting pesará once chelines y cuatro peniques". Sin embargo, la proporción entre un chelín y un penique, por una parte, y una libra, por otra parte, parece no haber sido tan constante y uniforme como entre un penique y una libra. Durante la primera clase de reyes de Francia, el sueldo [sous en el original] francés [moneda francesa de bronce, que a veces equivalía a 5 céntimos, a veces a 10 céntimos] o chelín parece haber equivalido en diferentes ocasiones a 5, 12, 20 o 40 peniques. Entre los viejos sajones, un chelín parece que equivalía sólo a cinco peniques, y no es improbable que su valor haya sido tan variable como entre sus vecinos, los viejos francos. Desde los tiempos de Carlomagno [748-814] entre los franceses, y desde los tiempos de Guillermo el Conquistador [1028-1087] entre los ingleses, la proporción entre la libra, el chelín y el penique parece que quedó constantemente establecida como en la actualidad, a pesar de que el valor de cada una ha sido muy diferente. En cada país del mundo, pienso, que la avaricia y la injusticia de los príncipes y los estados soberanos, abusando de la confianza de sus súbditos, han ido gradualmente disminuyendo la cantidad real de metal, que originalmente contenían sus monedas. El as romano, en la última era de su República fue reducido a la vigésima parte de su valor original, y en vez de pesar una libra, llegó a pesar media onza [recordemos que una libra Troy - y también una Tower - tenían doce onzas Troy - o Tower, según el caso]. La libra y el penique ingleses contienen una tercera parte de su peso original. La libra y el penique escoceses sólo la treintaiseisva parte. Y la libra y el penique franceses sólo la sesentaiseisava parte de su valor original. Por medio de estas operaciones los príncipes y los estados soberanos que las han llevado a cabo eran capaces, en apariencia, de pagar sus deudas y cumplir sus compromisos con una pequeña cantidad de plata que de otra manera no hubiera sido suficiente. Así ocurrió tan sólo en apariencia; sus acreedores creyeron ser estafados en una parte de lo que se les debía. Todos los demás deudores de la nación gozaron del mismo privilegio, y debían pagar con la misma suma nominal de la nueva y degradada moneda aunque ellos hubieran recibido la suma de dinero prestada de la vieja moneda. Todas estas operaciones fueron favorables al deudor y ruinosas para el acreedor, y a veces produjeron un gran vuelco en algunas fortunas privadas, del mismo modo que podrían haber sido ocasionadas por una gran calamidad pública.
1.4.11 De este modo el dinero se convirtió en todas las naciones civilizadas en un instrumento universal de comercio, y por su intermedio, mercancías de todo tipo son compradas y vendidas, o intercambiadas por otras.
1.4.12 A continuación procederé a examinar cuales son las reglas por las que se rige este comercio. Esas reglas determinan lo que podría ser denominado el valor relativo o de cambio de las mercaderías.
1.4.13 Es necesario observar que la palabra valor tiene dos significados; a veces expresa la utilidad de un objeto particular, y otras el poder de adquisición de otras mercancías que ese objeto conlleva. El primero debe ser denominado «valor de uso» y el segundo «valor de cambio». Las cosas que tienen un gran valor en uso tienen frecuentemente un escaso o ningún valor de cambio; y al contrario, aquellas cosas que tienen un gran valor de cambio tienen frecuentemente poco o ningún valor de uso. Nada es más útil que el agua, pero con ella escasamente se podrá comprar nada. Un diamante, al contrario, tiene apenas valor de uso, pero una gran cantidad de otras mercancías pueden ser intercambiadas por él.
1.4.14 Procuraré mostrar los principios que regulan el valor intercambiable de las mercancías que he investigado. Primero, cuales la medida real de ese valor intercambiable o en que consiste el precio real de todas las mercaderías. Segundo, cuales son las diferentes partes que compone ese precio real. Y por último, cuales son las diferentes circunstancias que a veces elevan todas o cada una de esas diferentes partes del precio por encima, o a veces hunden dicho precio por debajo de su precio natural. O cuales son las causas que a veces dificultan el precio de mercado, que es el precio real de las mercaderías, coincidiendo exactamente con lo que debería ser llamado su precio natural.
1.4.15 Me esforzaré en explicar tan plena y claramente como pueda, estas tres materias en los tres siguientes capítulos, para lo cual debo encarecidamente rogar la atención y la paciencia del lector. Su paciencia para examinar detalladamente lo que en algunos lugares parecerá ser innecesariamente tedioso; y su atención para entender lo que quizás, después de la explicación completa que yo seré capaz de dar, aparecerá todavía de alguna manera oscuro. Siempre estoy deseoso de correr algún riesgo, de ser tedioso para asegurarme de ser perspicaz; y después de experimentar los máximos esfuerzos para que yo pueda ser claro, alguna oscuridad todavía parecerá quedar en la materia por su naturaleza extremadamente abstracta.



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