Capítulo V


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UNA INVESTIGACIÓN DE LA NATURALEZA Y LAS CAUSAS DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES.
ADAM SMITH


LIBRO PRIMERO
DE LAS CAUSAS DE MEJORA DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS DEL TRABAJO Y DEL ORDEN DE ACUERDO AL CUAL SU PRODUCTO ES NATURALMENTE DISTRIBUIDO ENTRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DEL PAÍS


CAPÍTULO V


DE LA DIVISIÓN DEL TRABAJO




Traducción de este enlace o de este otro.


1.5.1 Cada hombre es rico o pobre de acuerdo al grado en que puede disfrutar de las cosas necesarias, convenientes y placenteras de la vida humana. Pero después de que la división del trabajo ha sido firmemente establecida, cada hombre sólo puede obtener de su propio trabajo una parte muy pequeña de esas tres categorías. La mayor parte de ellas son obtenidas mediante el trabajo de otras personas, y una persona es rica o pobre de acuerdo a la cantidad de trabajo que puede ordenar o puede permitirse adquirir. Por lo tanto, el valor de cualquier artículo para la persona que lo posee, y que no piensa consumirlo él mismo pero sí cambiarlo por otro producto, es igual a la cantidad de trabajo que le permite adquirir u ordenar. El trabajo, por consiguiente, es el valor de cambio de todos los productos [en la versión de Literature Network (onlineliterature(at)com) , en la versión de Project Gutenberg y en la versión de Library of Economics and Liberty (econlib(at)com), los dos primeros párrafos están por separado; pero en la versión de Wikisource, los dos primeros párrafos están reunidos en uno solo].
1.5.2 El precio real de cualquier cosa, lo que realmente le cuesta al hombre que quiere adquirirla, es el trabajo arduo que necesita para adquirirla. El valor que realmente tiene para el hombre que la adquirido, y que realmente quiere disponer de ella o intercambiarla por cualquier otra cosa, es el trabajo y el esfuerzo que realmente se ahorra, y que puede imponer a otras personas. Lo que es comprado con dinero o con otras mercaderías es realmente adquirido por el trabajo, tanto como lo que adquirimos por el esfuerzo de nuestro propio cuerpo. Ese dinero o aquellos bienes nos ahorran el esfuerzo. Aquél dinero o aquellas mercaderías contienen el valor de una cierta cantidad de trabajo, el cual nosotros intercambiamos por aquello que suponemos contiene la misma cantidad de trabajo. El trabajo fue el primer precio, el dinero original con que se pagaron todas las cosas. No fue el oro o la plata, sino el trabajo, por el cuál toda la riqueza del mundo fue originalmente adquirida. Y su valor, para aquellos que poseen la riqueza, y que quieren intercambiarlas por nuevas mercaderías, es precisamente equivalente a la cantidad de trabajo que la riqueza puede disponer o mandar.
1.5.3 La riqueza, como dice el señor Hobbes, es poder. Pero la persona que bien adquiere o hereda una fortuna, no necesariamente adquiere o hereda ningún poder político, ni civil ni militar. Su fortuna, quizás le permite los medios de adquirir ambos, pero la mera posesión de esa fortuna, no necesariamente le conduce a él a cualquiera de esos dos poderes. El poder que la posesión de esa fortuna le conduce, inmediata y directamente, al poder de adquisición; una cierta capacidad de encargar el trabajo o el producto del mismo que está en ese momento en el mercado. Su fortuna es mayor o menor, precisamente en relación a la extensión de ese poder; o bien, a la cantidad de trabajo de otros hombres, o lo que es lo mismo, al producto del trabajo de otros hombres, que dicha fortuna le permite adquirir o mandar. El valor intercambiable de cualquier cosa, debe siempre precisamente ser equivalente a la extensión de dicho poder al cual su fortuna le permite a su dueño.
1.5.4 Pero así como el trabajo es la medida real del valor de cambio todas las mercaderías, no es normalmente por ese valor por el que normalmente se valoran. Es difícil determinar la proporción entre dos diferentes cantidades de trabajo. El tiempo utilizado en dos diferentes tipos de trabajo no siempre determina él sólo dicha proporción. Las diferentes clases de esfuerzo soportado y de inventiva utilizada debe ser tomada en cuenta. Debería haber más trabajo en una hora de dura labor que en dos horas de fácil quehacer; o en una hora de ejecutar un oficio que costó diez años de aprender que en un mes de otro fácil y sencillo. Pero no es fácil encontrar alguna medida exacta de la laboriosidad y del ingenio. Al intercambiar, sin embargo, las diferentes producciones por diferentes cantidades de trabajo, cierta tolerancia es comúnmente aceptada por ambos. Este es ajustado, sin embargo, no por ninguna medida exacta, sino por el regateo y la negociación del mercado, acorde a esa clase de ruda ecuanimidad, la cual, pese a no ser exacta, es suficiente para el común desenvolvimiento de la vida diaria.
1.5.5 Es más frecuente intercambiar cualquier mercadería, y por lo tanto, comparararla, con otros artículos, que no con el trabajo. Por lo tanto, es más natural estimar su valor de cambio por la cantidad de otra mercancía que por la cantidad de trabajo que puede adquirir. La mayor parte de la gente entiende, con más facilidad, que significa una cierta cantidad de otra mercancía que una cierta cantidad de trabajo. La primera es un objeto palpable; la otra es una noción abstracta, la cual, a pesar de que puede ser bastante inteligible, no es tan natural y obvia.
1.5.6 Pero cuando cesa el trueque, y el dinero se ha convertido en el instrumento común del comercio, cualquier artículo en particular es más frecuentemente cambiado por dinero que por cualquier otra mercadería. El carnicero rara vez lleva su carne de res o de carnero al panadero o al cervecero para intercambiarlos por pan o por cerveza. Pero suele llevar dichas carnes al mercado, donde la cambia por dinero, y más tarde cambia dicho dinero por pan o por cerveza. La cantidad de dinero que él obtiene por las carnes regula también la cantidad de pan y cerveza que puede comprar más tarde. Es más natural y obvio, para él, sin embargo, estimar el valor de su carne por una cantidad de dinero, el cual es la mercancía por la que inmediatamente intercambia la carne, que por la cantidad de pan o de cerveza, que son las mercaderías que intercambia solamente por la intervención de la otra mercadería. Y también es más natural decir que la carne del carnicero vale 3 ó 4 peniques la libra, que vale 3 ó 4 libras de pan, o 3 ó 4 pintas de cerveza floja. De lo que deducimos que el valor de cambio de cada mercadería es más frecuentemente estimada por la cantidad de dinero por la que se cambia que por la cantidad de trabajo o cualquier otra mercadería por la que se haya dado en intercambio.
1.5.7 El oro y la plata, como cualquier otra mercadería, varía en su valor, a veces es más caro, y a veces, más barato, a veces es más fácil y a veces más difícil de adquirir. La cantidad de trabajo que cualquier cantidad de oro o plata puede comprar o disponer, o la cantidad de cualquier otra mercadería por la cual ambos pueden cambiarse, depende siempre de la fertilidad o la improductividad de las minas del momento en que dichos intercambios son realizados. El descubrimiento de fértiles minas en América redujeron, en el siglo XVI el valor del oro y de la plata en Europa a un tercio, más o menos, del precio anterior a tales descubrimientos. Como costaba menos trabajo traer esos metales de la mina al mercado, aunque fueran traídos desde más lejos, podían adquirir o mandar menos trabajo. Y esa revolución en su valor, aunque fue la mayor, no fue la única. Pero como una medida de cantidad, como el pie, los brazos extendidos [el libro dice fathom, que antiguamente significaba la distancia entre la punta de los dedos de una mano a la otra punta de los dedos con ambos brazos extendidos, pero actualmente 6 pies o 1,8 metros; otros libros traducen por braza, 1,6718 metros, pero esta es una medida usada en la marina] o un puñado, las cuales están continuamente variando en su cantidad, no pueden ser una medida exacta de la cantidad de otras cosas. Así pues, una mercadería, que continuamente varía en su propio valor, nunca puede ser el valor apropiado de otra mercadería. La misma cantidad de trabajo, en cualquier tiempo y lugar, es valorada igual por cada trabajador. En su estado actual de salud, fuerza y brío; en el grado común de habilidad y destreza, el trabajador siempre debe dar la misma cantidad de su tiempo, de su libertad y de su felicidad. El precio que paga siempre debe ser el mismo, cualquiera que sea la cantidad de mercaderías que reciba a cambio. A veces podrá conseguir una cantidad mayor de esas mercaderías, y en otras ocasiones, una cantidad menor. Pero es el valor de esas mercaderías lo que varía, y no el trabajo con que son adquiridos. En cualquier tiempo y lugar, lo que es caro es difícil de conseguir, o cuesta más trabajo de adquirir; y lo que es barato se consigue con facilidad, o con poco trabajo. Por lo tanto, en todos las eras y lugares, sólo el trabajo, pues, nunca cambia de valor, es la última medida real y estándar por el cual el valor de todos los bienes puede ser estimado y comparado en cualquier tiempo y lugar. El trabajo es el precio real; el dinero es solo el precio nominal.
1.5.8 Pero si bien una misma cantidad de trabajo tienen siempre un mismo valor para el trabajador, para la persona que le emplea a veces parece tener mayor valor y a veces menor valor. El empleador a veces los adquiere con un mayor cantidad de mercaderías y a veces con una menor cantidad, y para él parece que el valor del trabajo varía como el valor de las demás mercaderías. El trabajo le parece caro en algunos casos y barato en otros. En realidad, sin embargo. es el valor de los otros bienes el que a veces es caro y en otras ocasiones es barato.
1.5.9 Por lo tanto, se puede decir que en este sentido el trabajo, como mercancía, tiene un precio real y un precio nominal. Puede decirse que el precio real del trabajo consiste en la cantidad de cosas necesarias y convenientes para la vida que son dadas en intercambio por él. El precio nominal del trabajo es el dinero que se da por él. El trabajador es rico o pobre, está bien o mal recompensado, en proporción al precio real, no al precio nominal del trabajo.
1.5.10 La distinción entre el precio real y el nominal de las mercaderías y del trabajo no es sólo un tema de mera especulación, sino que puede ser un tema de uso considerable en la práctica. El precio real tiene siempre un mismo valor; pero si cambia en el valor del oro y de la plata, esto hace que un mismo precio nominal refleje diferentes valores. Cuando un terreno es vendido con una reserva de una renta perpetua, esa renta debe ser siempre del mismo valor, siendo de gran importancia para la familia a favor de la cual se hizo la renta que esta no sea expresada en una suma de dinero. En este caso el valor se vería afectado por dos causas distintas; en primer lugar, a las producidas por las diferentes cantidades de oro y plata que contienen en diferentes épocas las monedas de la misma denominación [en aquellos tiempos no habían billetes de banco tal como los conocemos ahora y el dinero consistía en monedas de oro y plata con el estampillado del rey que teóricamente garantizaba su pureza y su peso en oro o plata; pero conforme pasaba el tiempo, los soberanos, para cubrir sus mayores gastos, en vez de aumentar los impuestos disminuían la cantidad de oro y plata de las monedas y su pureza certificándolas y sellándolas igual]; y en segundo lugar, de aquellas que provienen de los diferentes valores de la misma cantidad del oro y del plata a lo largo del tiempo.
1.5.11 Los príncipes y los estados soberanos han tenido frecuentemente la ilusión de que tenían un interés temporal en disminuir la cantidad de metal puro contenido en sus monedas; pero rara vez han tenido el ingenio de aumentarlo. Por lo tanto, a cantidad de metal contenido en las monedas, creo que de todas las naciones, ha ido casi continuamente disminuyendo, y rara vez aumentando. Semejantes variaciones, por lo tanto, tienden casi siempre a disminuir el valor de la renta monetaria.
1.5.12 El descubrimiento de las minas de América disminuyeron el valor del oro y de la plata en Europa. Esta disminución, es comúnmente supuesto, a pesar de que lo intuyo sin tener ninguna prueba, todavía está teniendo lugar gradualmente, y probablemente continúe haciéndolo durante mucho tiempo. Además de esta suposición, estas variaciones es más probable que disminuyan que aumenten el valor de la renta monetaria, incluso si se estipuló ser pagada la renta, no en una cantidad de dinero acuñado de una denominación (libras esterlinas, por ejemplo), sino en una determinada cantidad de onzas de plata pura o de plata de una determinada calidad.
1.5.13 Las rentas que han sido estipuladas en cereal han preservado su valor mucho mejor que aquellas que han sido estipuladas en dinero, incluso cuando la denominación de la moneda no ha sido alterada. Hacia el año décimo octavo del reinado de la reina Isabel [Isabel I de Inglaterra e Irlanda reinó desde el 17 de noviembre de 1558 hasta su muerte el 24 de marzo de 1603, por lo que el año décimo octavo de su reinado fue 1576. El autor no le nombre número a dicha reina porque hasta los tiempos presentes no hubo otra reina - la actual es Isabel II del Reino Unido - con ese nombre], esta promulgó que una tercera parte de las rentas de los contratos de arendamientos de todos los cuerpos o comunidades se reservaran en granos, para ser pagadas, o bien en especie, o bien en dinero de acuerdo al precio corriente de los cereales en el mercado más cercano. Esta renta en especie ha ido creciendo en su valor monetario desde el tercio original del total, de acuerdo con el Doctor Blackstone, hasta cerca del doble, que representa los dos tercios en la actualidad. La vieja renta en dinero, de acuerdo con este cálculo, se ha hundido casi a la cuarta parte de su valor original; o dicho de otra manera, vale en cereal menos de la cuarta parte de lo que antiguamente valía. Pero desde el reinado de Philip y Mary (de 1554 a 1558) la denominación de las monedas inglesas han sufrido poca o ninguna alteración y la misma cantidad de libras, chelines y peniques contienen la misma cantidad de plata pura. Esa degradación, sin embargo, en el valor de las rentas monetarias de los cuerpos y comunidades han surgido como consecuencia de la pérdida de valor de la plata.
1.5.14 Cuando la degradación en el valor de la plata se combina con la disminución de la cantidad de esta contenida en las monedas de la misma denominación, la pérdida es frecuentemente todavía mayor. En Escocia, donde la denominación de las monedas ha sufrido mayor alteración de lo que lo hizo en Inglaterra, y en Francia, donde esta alteración ha sido aún mayor que en las dos anteriores, algunas rentas antiguas, originalmente de considerable valor, han sido reducidas casi a la nada.
1.5.15 En épocas muy alejadas unas de otras, cantidades similares de trabajo serán adquiridas más bien con cantidades similares de cereal, necesario para la subsistencia del trabajador, y no con la misma cantidad de oro y plata, o quizás de cualquier otra mercadería. Cantidades similares de cereal, por tanto, en épocas distantes la una de la otra, tendrán el mismo valor real, o capacitarán al poseedor para adquirir o mandar casi la misma cantidad de trabajo de otra gente. Afirmo que ocurrirá esto más con el cereal que con cantidades equivalentes de otros productos. Incluso el cereal no conservará el mismo valor en términos de trabajo. La subsistencia del trabajador, o el precio real del trabajo, como intentaré demostrar posteriormente, es muy diferente en diferentes épocas. La subsistencia del trabajador es más abundante en una sociedad que progresa hacia la opulencia que en una sociedad estancada, y en esta estacionaria es mayor que en una que camina hacia atrás. Cualquier otro artículo, sin embargo, en cualquier momento puede adquirir una mayor o menor cantidad de trabajo en proporción a la cantidad de subsistencia que puede adquirir en ese mismo momento. Por lo que una renta estipulada en grano es responsable sólo de las variaciones en la cantidad de trabajo que una cierta cantidad de cereal que puede adquirir. Pero una renta fijada en cualquier otro artículo es responsable no sólo de las variaciones en la cantidad de trabajo que cualquier cantidad de cereal puede adquirir, sino también en la cantidad de cereal que puede ser adquirido por una cantidad concreta de dicho artículo.
1.5.16 Sin embargo es necesario advertir que, aunque de siglo en siglo, el precio real de una renta fijada en grano varía lentamente, las variaciones de una renta monetaria las variaciones de una renta monetaria, de año en año, pueden ser mucho mayores. El precio monetario del trabajo, como intentaremos mostrar más adelante, no fluctúa de año en año con el precio monetario del grano, sino que parece acomodarse en todas partes con el precio medio u ordinario de este artículo necesario para la vida. El precio promedio u ordinario del trigo es regulado, como también me esforzaré en demostrar más tarde, por el valor de la plata, por la riqueza o la esterilidad de las minas que abastecen el mercado con dicho metal, o por la cantidad de trabajo que debe ser empleado, y por tanto, de trigo que debe ser consumido, o por la cantidad de trigo que debe ser consumido para transportar cualquier cantidad de plata desde la mina hasta el mercado. Pero el valor de la plata, a pesar de que a veces varía mucho de siglo en siglo, raramente varía de año en año, pero frecuentemente continúa lo mismo, o casi lo mismo, y frecuentemente continúa estable por 50 ó 100 años. Por lo tanto, el precio monetario, ordinario o medio, del cereal durante largos períodos de tiempo continúa lo mismo o casi lo mismo, y con él, también continúa estable el precio monetario del trabajo, al menos si la sociedad continúa en los demás aspectos, en las mismas o casi las mismas condiciones. Mientras tanto, el precio del trigo temporal y ocasionalmete puede ser el doble un año con respecto al precio del año anterior, o fluctúa, por ejemplo, de cinco con veinte a cincuenta chelines el bushel [en algunos libros antiguos aparecen las palabras cuarto, fanega o cuartal]. Pero cuando el trigo está al último precio [50 chelines/bushel], no sólo el precio nominal, sino también el precio real de una renta expresada en trigo será el doble de lo que era previamente al aumento del precio del trigo, o mandará el doble de la cantidad de trabajo y de la mayor parte de otras mercaderías. El precio monetario del trabajo, y con él, el de la mayoría de las otras cosas, continúa el mismo durante todas estas fluctuaciones.
1.5.17 El trabajo, pues, parece que es evidentemente, la única medida precisa y universal de valor, o el único modelo con que podemos comparar los valores de los demás artículos en cualquier tiempo y lugar. No podemos estimar el valor real de los diferentes artículos de siglo en siglo por las diferentes cantidades de plata por las que fueron canjeadas. No podemos estimar el valor real de las cosas por las diferentes cantidades de trigo por las que fueron intercambiadas. Si podemos calcularlo con la mayor exactitud por la cantidad de trabajo de un siglo para el otro, y de año para el otro. El cereal constituye, de siglo en siglo, una medida mejor que la plata, porque, de un siglo a otro, se podrá comprar cantidades iguales de trabajo mediante cantidades más apropiadamente igual de cereal que de plata. De año en año, por el contrario, la plata es mejor medida que el cereal, porque la misma cantidad de la primera mandará casi la misma cantidad de trabajo. [La experiencia histórica a fines del siglo XVIII es que el precio de los cereales y otros artículos necesarios para la supervivencia de las clases más pobres variaba mucho de año en año; en cambio, el precio de la plata y el oro a corto plazo era estable, pero bajó mucho en los siglos XVI y XVII tras el descubrimiento de América].
1.5.18 Si bien quizás sea útil la distinción entre el precio real y el precio nominal a la hora de establecer rentas perpetuas o arrendamientos a muy largo plazo, sin embargo no ocurre lo mismo a la hora de comprar y vender en las transacciones ordinarias de la vida.
1.5.19 En el mismo tiempo y lugar, el precio nominal y real de todos los artículos están en proporción los unos con los otros. La cantidad mayor o menor de dinero que tu obtienes en cada venta, en el mercado londinense por ejemplo, te permitirá comprar o disponer de una mayor o menor cantidad de trabajo. En el mismo tiempo y lugar, por ello, el dinero es la medida exacta del valor real intercambiable de todas las mercancías. Esto es así, sin embargo, sólo en un lugar y momento dados.
1.5.20 A pesar de que en lugares distantes no hay ninguna proporción regular entre el precio real y el precio monetario de los diferentes artículos, el mercader que transporta mercancías de un lugar a otro no tiene otra cosa que considerar más que el precio nominal [a partir de ahora se usará precio 'nominal', 'monetario' y precio 'en dinero' (y a veces precio corriente) como expresiones equivalentes para traducir 'money price'; 'real price' es evidentemente 'precio real, que el autor, al menos en este capítulo, parece entender como un precio a largo plazo, una especie de media de precios de varios años], o la diferencia entre la cantidad de plata que abonó por ellos y la cantidad que probablemente recibirá. Es posible que media onza de plata en Cantón, China, pueda mandar una mayor cantidad de trabajo y de cosas convenientes y necesarias para la vida que una onza en Londres. Por lo tanto, un artículo cualquiera que cuesta media onza de plata en Cantón puede ser realmente más apreciado, o realmente de mayor importancia para el hombre que lo posee allí que otro artículo que cuesta una onza en Londres para el hombre que lo posee en esta ciudad. Si un mercader londinense, sin embargo, pude comprar dicho artículo por media onza de plata y puede venderlo más tarde en Londres por una onza, el mercader obtiene un cien por cien de beneficio en la ventajosa venta, exactamente lo mismo que si una onza de plata valiese lo mismo en Londres que en Cantón. No tiene ninguna importancia para él que media onza de plata en Cantón haya ordenado más trabajo o mayor cantidad de las cosas necesarias y convenientes para la vida que una onza en Londres. Con una onza en Londres siempre podrá disponer el doble de cantidad que media onza en Londres, y eso es precisamente lo que él quiere.
1.5.21 Así como el precio nominal o monetario [aquí si dice 'nominal or money price' - Ver nota en el párrafo anterior] de una cosa, por consiguiente, es él que finalmente determina la prudencia o la imprudencia de todas las adquisiciones y ventas, y por consiguiente, regula casi todo el negocio de la vida común en los que el precio interviene, nosotros no podemos dejar de preguntarnos que se haya prestado más atención al precio nominal que al real.
1.5.22 A pesar de ello, en una obra como la presente puede ser a veces útil comparar los diferentes precios reales de un artículo determinado en diferentes épocas y en diferentes lugares, o los diferentes grados de disposición sobre el trabajo de otra gente que dicho artículo, en diferentes momentos, ha dado a aquellos que lo han poseído. Debemos, en este caso, comparar, no las diferentes cantidades de plata por la que dicho artículo ha sido vendido, sino las diferentes cantidades de trabajo que las dichas cantidades de plata han podido adquirir. Pero difícilmente podemos conocer los precios corrientes del trabajo en distintos lugares y épocas con algún grado de exactitud. A pesar de que en pocos lugares fueron registrados los precios corrientes del cereal, estos son, en general, mejor conocidos por los historiadores y demás escritores. Por lo tanto, debemos contentarnos con ellos, y no porque hayan estado siempre exactamente en la misma proporción que los precios corrientes del trabajo, sino porque son la aproximación más cercana que normalmente tenemos a dicha proporción. De ahora en adelante tendré ocasión para hacer un par de comparaciones de esta clase.
1.5.23 En el progreso de la industria, las naciones comerciales han considerado conveniente acuñar varios metales en dinero; el oro para los pagos mayores, la plata para la compra de moderado valor, y el cobre y otros metales bastos para los pagos de menor consideración. Sin embargo, siempre se ha considerado uno de estos metales como la medida de valor de los otros dos. Y esta preferencia, parece generalmente haber sido dada al metal que primero fue usado como instrumento de comercio. Una vez fue usado este como patrón, lo que debió ocurrir cuando no se disponía de otro dinero, generalmente se continuó usando aún cuando las necesidades no fueran las mismas.
1.5.24 Es conocido que los romanos no tenían nada más que dinero de cobre hasta cinco años antes de la primera guerra púnica [la primera guerra púnica empezó en el año 264 a. C.. o sea, se debe tratar del año 269 a. C.] cuando empezaron por primera vez a amonedar (= acuñar) la plata [En la traducción de 1794 realizada por el Lic. Joseph Alonso Ortíz, figura la siguiente nota a pie de página: "Plin., lib. 33, cap. 3"]. El cobre, sin embargo, parece que continuó siendo la medida del valor en aquella república. En Roma parece que todas las cuentas y el valor de las propiedades fueron computadas indistintamente en ases o en sextercios [monedas romanas]. El as fue siempre la denominación de una moneda de cobre [según Wikipedia, era una moneda de bronce]. La palabra sextercio significa 'dos ases y medio'. A pesar de que el sextercio fue siempre una moneda de plata, su valor siempre fue estimado en cobre. En Roma, quien debía una gran cantidad de dinero se dijo siempre que tenía una gran cantidad del cobre de otra gente.
1.5.25 Las naciones norteñas que se establecieron en las ruinas del imperio romano parece que tuvieron dinero de plata desde los primeros comienzos de sus asentamientos, y parece que no conocieron ni el oro ni el cobre durante varias centurias. Habían monedas de plata en Inglaterra en la época de los sajones. Pero sólo unas pocas monedas de oro fueron acuñadas en las épocas anteriores al rey Eduardo III [13 de noviembre de 1312 - 21 de junio de 1377 - aquí puede entenderse que Eduardo III fue un rey sajón, pero esto no es así. La invasión normanda producida el año 1066 por Guillermo el Conquistador, duque de Normandía cambió de tal modo el panorama inglés que a) los invasores se convirtieron en la aristocracia del país y los sajones fueron en general relegados al papel de siervos, b) el lenguaje inglés cambió totalmente de tal modo que este idioma tiene hoy en día numerosas palabras de origen francés, c) un alejamiento de la influencia escandinava], ni ninguna moneda de cobre hasta los tiempos de Jaime I de Gran Bretaña [19 de junio de 1566 – 27 de marzo de 1625]. En Inglaterra, por consiguiente, y por la misma razón, según creo, en todas las naciones modernas de Europa, todas las cuentas son llevadas, todas las mercancías son valoradas y todas las propiedades inmobiliarias, son contabilizadas en plata. Cuando queremos expresar la fortuna de una persona, rara vez mencionamos el número de guineas, sino el de libras esterlinas que suponemos se darían por ella [La guinea era una moneda de oro usada en Gran Bretaña antes de que este país adoptase el sistema métrico decimal en 1971; respecto a la libra, wikipedia dice "Como unidad monetaria, el término libra se origina del valor del peso de una libra de plata de gran pureza conocida como plata esterlina." Así que la libra esterlina en sus tiempos era una moneda de plata. La guinea valía 21 chelines, y la libra, 20; la guinea era de oro, y la libra, de plata. Los nobles gustaban usar la guinea].
1.5.26 Según creo, originalmente en todos los países una monedad de curso legal solo podía hacerse de este material [la plata], el cual fue considerado como la medida estandar de valor. En Inglaterra el oro no fue considerado como moneda de curso legal mucho tiempo después de que fue acuñado como moneda. La proporción entre los valores de las monedas de oro y plata no fue por ninguna ley pública o proclamación, sino que fue establecida por el mercado. Si un deudor ofrecía el pago en oro, el acreedor podía, o bien rechazar ese pago, o bien aceptarlo estableciendo de mutuo acuerdo un valor del oro en términos de plata. El cobre no es en los tiempos actuales una moneda de curso legal, excepto en el cambio de las pequeñas monedas de plata. En ese estado de cosas, la distinción entre el metal que fue patrón y el que no, fue algo más que una distinción nominal.
1.5.27 Con el paso del tiempo, y conforme la gente se fue volviendo más familiar con el uso de los diferentes metales amonedados, y consecuentemente, más informados sobre la proporción entre los diferentes valores, se ha establecido en los diferentes países, según creo, esta proporción y declarar mediante una ley, que una guinea, por ejemplo, de un determinado peso y pureza debe canjearse por 21 chelines o tener un poder liberatorio de una deuda de esa importe. En ese estado de cosas, y mientras continúe una proporción legalmente establecida de ese tipo, la distinción entre el metal patrón y el que no lo es se convierte en poco más que una distinción nominal.
1.5.28 A consecuencia de cualquier cambio, sin embargo, en esta proporción regulada, esta distinción se convierte, o al menos parece convertirse, en algo más que una mera distinción nominal. Si el valor regulado de una guinea, por ejemplo, fuera reducido a veinte o ampliado a veintidos chelines [en realidad, 1 guinea = 21 chelines. y una libra valía 20 chelines], entonces todas las cuentas y todas las obligaciones expresadas en monedas de plata, la mayor parte de los pagos podrían ser saldados con la misma cantidad de plata que antes. Pero requeriría diferentes cantidades monedas de oro, mayor en el primer caso y menor en el segundo [Recuérdese que las guineas se expresaban en oro y las libras esterlinas en plata y que las guineas desaparecieron en 1971]. La plata parecería tener un valor más constante que el oro. La plata parecería ser la medida de valor del oro, y no el oro la medida de valor de la plata. El valor del oro parecería depender de la cantidad de plata por la que se podría intercambiar; y el valor de la plata no parecería depender de la cantidad de oro por la que se daría en intercambio. Sin embargo, esta diferencia es totalmente debida a la costumbre de anotar todas las cuentas y todas las sumas, grandes o pequeñas, de dinero más bien en plata en vez de en oro . Un billete de Mr. Drummond por veinticinco o cincuenta guineas, después de una alteración de esta clase sería todavía pagable por veinticinco o cincuenta guineas del mismo modo que antes [aquí billete se refiere a un documento emitido por Mr. Drummond quién garantiza el pago de 25 ó 50 guineas y era, en cierta forma, parecido al cheque - hasta el siglo XIX no se emitieron con normalidad, billetes de bancos o del Estado]. Después de esta alteración sería pagable por la misma cantidad de oro que antes, pero en una muy diferente cantidad de plata. En el pago de dicho billete, el oro aparecería más invariable en su valor que la plata. El oro aparecería como la medida de valor de la plata, y la plata no aparecería como la medida de valor del oro. Si la costumbre de anotar las cuentas, y expresar los billetes y otras obligaciones monetarias de esta manera se hubiera vuelto general, el oro y no la plata serían considerados como el metal más apropiado para la medida de valor.
1.5.29 En realidad, mientras continúe la proporción regulada [por ley] entre los distintos valores de los diferentes metales monetarios, el valor del más precioso regula el valor del conjunto monetario entero. Doce peniques de cobre equivalen a media libra avoirdipous de cobre [aquí la libra avoirdipous se refiere a una medida de peso apara los metales preciosos, equivalente a aproximadamente 453,6 gramos de peso; En la traducción de 1794 realizada por el Lic. Joseph Alonso Ortíz, figura la siguiente nota a pie de página: Avoirdipois es una especie de peso cuya libra contiene diez y seis onzas] de no la mejor calidad, la cual, antes de ser acuñada, es raro que valga siete peniques de plata. Pero debido a la regulación, doce peniques deben cambiarse por un chelín, en el mercado se les valora por un chelín, y en cualquier momento se les puede cambiar por un chelín. Incluso antes de la última reforma de las monedas de oro en Gran Bretaña, al menos la parte de las monedas de oro que circulaba por Londres y sus alrededores estaba menos rebajado en su contenido metálico con referencia a su peso-patrón legal en peso que la mayor parte de la plata. Veintiún chelines desgastados y raspados, sin embargo, eran considerados equivalentes a una guinea, que quizás, incluso, estaba también desgastada y raspada, pero quizás menos [las monedas de oro y plata eran frecuentemente raspadas y desgastadas para quedarse con una parte del metal precioso que contenían; por eso,además del sello en ambas caras, algunas monedas también estaban grabadas en el borde]. Las últimas regulaciones han llevado a las monedas de oro tan cerca, quizás, de su peso patrón, y tan próximo al estándar de cualquier nación. Y la orden de no recibir oro en las oficinas públicas excepto por su peso [legal o peso patrón] mantendrá dicha correlación vigente entre el oro y la plata. La moneda de plata continúa estando en el mismo estado de desgaste y tan rebajadas como antes de la reforma de las monedas de oro. En el mercado, sin embargo, veintiún chelines de degradada plata continúa siendo considerados del mismo valor que una guinea en una excelente moneda de oro.
1.5.30 Evidentemente la reforma del sistema monetario del oro ha elevado el valor de las monedas de plata que se pueden cambiar por una moneda de oro [En la traducción de 1794 realizada por el Lic. Joseph Alonso Ortíz, este párrafo y el siguiente son uno solo, mientras que en los originales en inglés consultados, están separados, como aquí].
1.5.31 En la casa de la moneda inglesa una libra de peso de oro es acuñada en cuarenta y cuatro guineas y media, las cuales, a veintiún chelines la guinea es equivalente al cambio a cuarenta y seis libras, catorce chelines y seis peniques. Por lo tanto una onza de oro vale 3 libras, 17 chelines y 10,5 peniques de plata. En Inglaterra no hay impuesto ni señoreaje ninguno sobre la acuñación y el que lleva una libra de peso o una onza de peso de oro sin amonedar (*) a la casa de la moneda, recibe a cambio una libra de peso o una onza de peso en monedas de oro, sin ningún descuento. Por ello se dice que el precio de amonedar el oro en Inglaterra es de 3 libras, 17 chelines y 10 peniques y medio por onza  o la cantidad de monedas de oro que la Casa de la Moneda entrega por lingote de oro estándar [(*) el autor usa las expresiones «silver bullion» o « gold bullion» o «silver in bullion» o« gold in bullion» para referirse a la plata o al oro sin amonedar, en lingotes, barras o cualquier otro modo; yo uso las expresiones «oro sin amonedar» o «plata sin amonedar»; otras traducciones usan la expresión «oro en pasta» y «plata en pasta», pero yo las considero más confusas; el oro o la plata sin amonedar pueden provenir de, por ejemplo, un objeto religioso robado de una iglesia, de un candelabro, de cubiertos de plata, joyas, etc. Por lo tanto, yo prefiero usar "sin amonedar" o "sin acuñar", que es la expresión que utilizaré de ahora en adelante] .
1.5.32 Antes de la reforma de la moneda de oro, el precio estándar del oro sin acuñar en el mercado estuvo durante muchos años por encima de 3£. 18ch., a veces, 3£. 19ch. y muy frecuentemente a 4£. la onza. Esta suma, probablemente, en una monedad de oro desgastada y raspada, rara vez contenía más de una onza de oro estándar. Desde la reforma de las monedas de oro, el precio del mercado del oro sin acuñar rara vez excedía de 3£. 17ch. 7p. la onza. Antes de la reforma del monedaje del oro, el precio de mercado siempre estuvo más o menos por encima del precio de la Casa de la Moneda. Posteriormente a dicha reforma, el precio de mercado estuvo siempre por debajo del precio de la Casa de la Moneda. Pero ese precio de mercado es el mismo independientemente de que sea pagado en monedas de oro o de plata. Por lo tanto, la última reforma de las monedas de oro ha elevado no sólo el valor de las monedas de oro, sino también ha elevado el valor de las monedas de plata en proporción al precio del oro sin amonedar, y probablemente también en proporción a todos los demás artículos. Aunque el precio de la mayor parte de los otros artículos está influenciado por tantas otras causas, puede no ser tan claro y apreciable el aumento en el valor de las monedas de oro y plata en proporción a dichos artículos.
1.5.33 En la Casa de la Moneda inglesa un cantidad de plata sin amonedar que pese una libra es acuñada en sesenta y dos chelines, conteniendo, del mismo modo, una libra de peso de plata estándar. Por ello se suele decir que el precio de la Casa de la Moneda de Inglaterra es de cinco chelines y dos peniques por onza, o lo que es lo mismo, la cantidad de monedas de plata acuñada que la Casa de la Moneda te da a cambio de cada libra de plata de ley. Antes de la reforma, el precio del lingote de oro sin acuñar fue, en diferentes ocasiones, 5ch. y 4p., 5ch. y 5p., 5ch. y 6p., 5 ch, y 7 p. y hasta en numerosas ocasiones 5ch. y 8p. la onza. Sin embargo, parece que fue el precio más común era el de 5ch y 7p. Desde la reforma de la moneda de oro, el precio de mercado del lingote estándar de plata ha caído ocasionalmente a 5 ch. y 3p., 5 ch. y 4 p. y 5 ch. y 5 p. por onza. Este último precio raramente se ha excedido. A pesar de que el precio de mercado de la plata sin amonedar ha caído considerablemente desde la reforma de la moneda de oro, no ha caído tan bajo como el precio de la Casa de la Moneda.
1.5.34 En la proporción entre los diferentes metales en las monedas de Inglaterra, el cobre es tasado muy por encima de su valor real, así que la plata está algo por debajo. En el mercado de Europa, en Francia y en Holanda, una onza de oro fino se cambia por más o menos catorce onzas de fina plata. En Inglaterra, ese cambio se realiza por alrededor de quince onzas, esto es, por más plata del valor común en Europa. Pero como el precio del cobre en barras no hace subir, incluso en Inglaterra, el precio de las monedas de cobre inglesas, así que el precio de la plata en barras no hace bajar el bajo precio de las monedas de plata inglesas. Los lingotes de plata conservan su misma proporción con el oro por la misma razón que el cobre en barras conserva su misma proporción con la plata.
1.5.35 Después de la reforma de la moneda de plata en el reinado de Guillermo III [1689 - 1702] el precio de la plata no amonedada todavía continúa algo por encima del precio de la Casa de la Moneda. El Sr. Locke imputa este elevado precio al permiso para exportar plata no amonedada y a la prohibición de exportar monedas de plata. Este permiso de exportación - dijo Locke - hace que la demanda de plata sin amonedar sea mayor que la demanda de monedas de plata. Pero el número de personas que quieren monedas de plata para los usos comunes de comprar y vender es seguramente mucho mayor que los que quieren plata sin acuñar, o bien para exportar o bien para cualquier otro uso. Hasta el presente, todavía es necesario el permiso para exportar oro sin amonedar, y la correspondiente prohibición de exportar oro acuñado. Y sin embargo, el precio de oro sin amonedar ha caído por debajo del precio de la Casa de la Moneda. Pero entonces la moneda de oro inglesa era, como ahora, infravalorada con respecto al oro, y la moneda de oro (que por entonces se consideraba que no necesitaba ninguna reforma) era entonces, como ahora, la que regulaba el valor real de toda la moneda. Así como la reforma de la moneda de plata no redujo el precio de la plata sin amonedar al precio de la Casa de la Moneda, es poco probable que una reforma lo haga ahora.
1.5.36 Si el peso de la moneda de plata volviera a estar tan cerca de su peso establecido por ley como la monedad de oro a su peso legal, es probable que una guinea [moneda de oro] se cambiase por más plata acuñada que la que se podría cambiar por plata sin acuñar. La moneda de plata que contiene todo su peso establecido por ley, debe haber en este caso un beneficio al derretirla, en orden, primero, para cambiar por oro sin amonedar para acuñar monedas de oro, y después para cambiar este oro amonedado por plata amonedada para fundirla del mismo modo. Alterar la actual proporción parece que es el único método de prevenir este inconveniente.
1.5.37 La inconveniencia quizás sería menor si la tasa de la plata para acuñar se tasase por encima de su proporción con el oro en la misma cuantía en que está ahora por debajo de la misma, y siempre y cuando se fijase al mismo tiempo que la plata no puede ser el medio de pago legal para cambiar por más de una guinea, del mismo modo que el cobre no es un medio de pago legal por más de un chelín. Ningún acreedor podría en este caso ser defraudado a consecuencia de la alta valoración de la moneda de plata, así como en la actualidad, ningún acreedor puede ser defraudado a consecuencia de la alta valoración del cobre. Sólo los banqueros podrían sufrir por esta regulación legal. Cuando un pánico bancario se produce y muchos acreedores desean cobrar al mismo tiempo, los banqueros tratan de ganar tiempo pagando en monedas de seis peniques, y deberían ser excluidos de este método desacreditado de retrasar el pago inmediato por dicha regulación. Deberían ser obligados, en consecuencia, a guardar en sus cofres una mayor cantidad en efectivo que en el presente, y aunque esto representase un gran inconveniente para los banqueros, sería al mismo tiempo una gran seguridad para sus acreedores.
1.5.38 Tres libras diecisiete chelines (el precio establecido por la Casa de la Moneda del oro) ciertamente no contiene, incluso en nuestras excelentes monedas actuales de oro, más de una onza de oro de ley, y por tanto, debe creerse que con esas monedas no se adquiriría más cantidad de oro de ley. Pero las monedas de oro son más convenientes que el oro sin amonedar, y ello, a pesar de que en Inglaterra amonedar es gratis, porque se produce un retraso de varios semanas entre que el oro es llevado a la Casa de la Moneda hasta que es llevado hasta que es devuelto a su propietario. En la actualidad con los retrasos que se producen en la Casa de la Moneda, el oro no puede ser devuelto hasta pasados varios meses. Este retraso es equivalente a una pequeña tasa, y hace que una cantidad de oro en monedas valga más que la misma cantidad de oro sin amonedar. Si las monedas de plata inglesas fueran valoradas de acuerdo a su propia valoración con el oro, el precio de la plata sin acuñar probablemente caería por debajo incluso del precio de la casa de la moneda sin necesidad de realizar ninguna reforma en la moneda de plata. El valor incluso de nuestra roída y desgastada moneda está valorada en función de nuestra excelente moneda de oro por la cual se cambia.
1.5.39 Una pequeña tasa o impuesto sobre la acuñación del oro y de la plata probablemente incrementaría todavía más la superioridad de estos metales acuñados por encima de la misma cantidad de ellos sin amonedar. La acuñación probablemente aumentaría el valor del metal amonedado en proporción a este pequeño impuesto al igual que los metales preciosos labrados [trabajos de artesanía sobre dichos metales] incrementan el valor de los mismos con respecto a los metales sin labrar por el importe de dicho trabajo. La superioridad de la moneda sobre los metales en bruto es un obstáculo a la fundición de las mismas y desalentaría su exportación. Si por alguna exigencia pública fuese necesario exportar monedas, la mayor parte retornarían espontáneamente y pronto. por la razón de que en el extranjero dichas monedas no valdrían más que por su peso en metal precioso, y en el país las compraría más que por su valor en peso. Habría una ganancia en traerla de vuelta a casa. En Francia se cobra un impuesto de alrededor del ocho por ciento sobre la acuñación, y la moneda francesa, cuando es exportada, es sabido que vuelve pronto y espontáneamente al país.
1.5.40 Las ocasionales fluctuaciones del precio del oro y de la plata en bruto sin acuñar en el mercado son producidas por las mismas causas que genera fluctuaciones de cualquier otra mercadería. Las frecuentes pérdidas de dichos metales en accidentes varios en tierra y en el mar, los continúos desperdicios de los mismos en las operaciones de dorar y platear para elaborar ornamentos y encajes, en el desgaste de las monedas, vajillas y otros utensilios de oro o plata hace necesario en aquellos países que no poseen minas de dichos metales, recurrir a la importación de los mismos para reparar dichas pérdidas. El mercader que realiza la importación, como los otros mercaderes, según creemos, si pueden, ajustar sus importaciones a lo que se demanda. Con toda su atención, sin embargo, a veces se exceden y otras veces se quedan cortos. Cuando ellos importan más metales preciosos que los que el mercado demanda, más que incurrir en el riesgo y gastos de exportarlos otra vez, a veces desean vender una parte del mismo por algo menos del precio medio normal. Entonces, por otra parte, cuando los mercaderes importan menos de lo que es demandado, y entonces obtendrán algo más de lo que es normal. Pero entonces, detrás de todas esas ocasionales fluctuaciones en el mercado, el precio del oro y de la plata sin acuñar durante varios años varía constante y continuamente, o bien un poco por arriba o bien un poco por debajo del precio de la Casa de la Moneda, y entonces podemos asegurar que esa continúa y constante variación, bien por arriba o por abajo de dicho precio, es el efecto de algo en el estado de la moneda que hace que una cantidad cualquiera de dichas monedas sean más o menos valiosas que la misma cantidad, al peso, de oro y plata en bruto que dichas monedas contienen. La constancia y uniformidad de un efecto supone una proporcional constancia y uniformidad en la causa.
1.5.41 El dinero de un país cualquiera en un momento determinado es, más o menos, una medida precisa de valor, de acuerdo con que las monedas de curso legal sean más o menos conforme a su ley, o contiene más o menos la cantidad exacta de oro puro o plata pura que debería contener. Si en Inglaterra, por ejemplo, cuarenta y cuatro guineas y media contienen una libra - peso de oro ley, u once onzas de fino oro y una onza de aleación, la medida de oro de Inglaterra sería sería una medida del valor actual de las mercaderías tan exacta como la naturaleza de la cosa permitiría. Pero si, por el roce y el uso, cuarenta y cuatro guineas y media generalmente contienen menos de una libra de oro de ley, la disminución, sin embargo, siendo mayor que en unas piezas que en otras, la medida de valor viene a ser sometida a la misma clase de incertidumbre que el resto de las pesas y medidas. Y como raramente pasa que estas últimas corresponden exactamente a su patrón de ley, el comerciante ajusta el precio de sus artículos tan bien como puede, no a esos pesos y medidas como debería, sino a una media, como sabe por su experiencia pasada. A consecuencia de este desorden en el sistema monetario, el precio de los artículos viene, de alguna manera, determinados, no por la cantidad de oro y plata pura que las monedas deberían contener, sino por aquella cantidad que, por experiencia, en término medio las monedas realmente contienen.
1.5.42 Yo entiendo siempre, por el precio monetario de las mercancías, la cantidad de oro puro y plata pura por la que deberían ser vendidas, independientemente de la denominación de la moneda. Seis chelines y ocho peniques, por ejemplo, de la época de Eduardo I considero que tienen el mismo precio monetario que una libra esterlina actual, porque aquella, hasta donde no es posible conocer, contiene la misma cantidad de plata que esta.

Capítulo IV


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UNA INVESTIGACIÓN DE LA NATURALEZA Y LAS CAUSAS DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES.
ADAM SMITH

LIBRO PRIMERO
DE LAS CAUSAS DE MEJORA DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS DEL TRABAJO Y DEL ORDEN DE ACUERDO AL CUAL SU PRODUCTO ES NATURALMENTE DISTRIBUIDO ENTRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DEL PAÍS

Capítulo IV - Del Origen y Uso del Dinero

Traducción de este enlace o de este otro.

1.4.1 Cuando la división del trabajo ha sido completamente establecida, sólo una muy pequeña parte de las necesidades del hombre pueden ser producidas por su propio trabajo. Él obtiene la mayor parte de ellas mediante el intercambio del excedente del producto de su propio trabajo y que excede a su propio consumo, por aquella parte del producto de otros hombres que excede a sus necesidades. Todos los hombres viven del intercambio, y se convierte en alguna medida en comerciante, y la sociedad se desarrolla y se transforma en una sociedad comercial.
1.4.2 Pero cuando la división del trabajo empezó a tomar lugar, este poder de intercambio debió frecuentemente sufrir tropiezos y atascos. Supongamos que un hombre tiene de una cierta mercancía de sobra, y otro dispones de menos de lo que necesita. El primero estaría encantado pues, de disponer de lo que le sobra, y el segundo de adquirirlo. Pero si el segundo no dispone de alguna mercancía en exceso que el primero necesite, ningún intercambio puede ser realizado entre los dos. El carnicero tiene en su tienda más carne de la que él puede consumir, y el cervecero y el panadero estarían deseosos de poder adquirir una parte de ella. Pero ellos no tienen nada más que ofrecerle al carnicero que los excedentes de su propia producción. Pero si ellos no tienen nada que ofrecer a cambio que las producciones de sus propios negocios, y el carnicero está ya provisto de la cerveza y el pan que necesita, no se podrá concretar ningún intercambio. Él no podrá ser su proveedor ni ellos sus clientes, y ninguno de los tres podrá prestar ningún servicio al otro. En este caso, no se podrá realizar entre ellos ningún intercambio. Él no puede ser comerciante, ni ellos sus clientes. Los tres serían poco útiles entre ellos. Para evitar los inconvenientes de situaciones similares, cualquier hombre prudente, en cualquier período de la sociedad posterior al primer establecimiento inicial de la división del trabajo, se ha esforzado en manejar sus propios asuntos de tal manera que tenga a su disposición, en cualquier momento, además del peculiar producto de su propia industria, una cierta cantidad de alguna mercancía que ellos imaginasen que pocas personas podrían rechazar en intercambio del producto de su propia industria.
1.4.3 Muchas diferentes mercancías probablemente fueron sucesivamente imaginadas y probadas para este propósito. Se ha dicho que en las rudas etapas de la sociedad el ganado fue imaginado y empleado como instrumento de comercio. Y aunque el ganado ha tenido algún inconveniente, incluso en los tiempos más primitivos, nos encontramos con cosas que a menudo se valoran en función del número de cabezas de ganado por las que habían sido intercambiadas. Dice Homero que la armadura de Diómedes costó sólo nueve bueyes, pero la de Glauco costó cien. Se dice que la sal es uno de los instrumentos usuales de comercio en Abisinia; una especie de conchas en algunas partes de las costas de la India; bacalao seco en Terranova; tabaco en Virginia; azúcar en algunas partes de nuestras colonias en las Indias Occidentales [en el original dice West India Colonies, que no hay que confundir con las colonias británicas en la India, sino que en la actualidad son Antigua y Barbuda, las Bahamas, Barbados, Dominica, Granada, Jamaica, Trinidad y Tobago y otras islas anglófonas del Caribe. Ignoro si en 1776 era la misma relación]; los cueros, curtidos o no, en algunos otros países; y me dicen que hoy en día hay una aldea en Escocia, donde no es raro que un trabajador lleve clavos en lugar de dinero en la panadería o en el pub.
1.4.4 Sin embargo, en todos los países y por razones irresistibles, parece que los hombres por fin han determinado dar la preferencia, para este uso, a los metales por encima de cualquier otra mercancía. Los metales no sólo puede ser mantenidos con la más mínima pérdida que cualquier otra mercancía no perecedera - escasas mercaderías son menos perecederos que los metales - pero pueden también, sin ningún tipo de pérdida, ser subdivididos en numerosas partes, al tiempo que, mediante la fusión, pueden las partes ser reunidas de nuevo, y esta es la principal cualidad los hace especialmente aptos para ser instrumentos del comercio y la circulación. El hombre que quiere comprar sal, por ejemplo, y no tiene otra cosa excepto ganado que ofrecer en cambio, se ve obligado a comprar sal a cambio por un toro entero o una oveja entera. Difícilmente podrá comprar menos de esta cantidad, porque lo que él ofrece a cambio por la sal difícilmente podrá ser subdividido sin pérdida. Y si él tiene en mente comprar el doble o el triple de sal, se verá obligado a comprar sal por el valor de dos o tres toros, o dos o tres ovejas. Si, al contrario, en lugar de ovejas o bueyes, él tuviera metales para dar a cambio, podría fácilmente ajustar la cantidad exacta de metal a la cantidad de mercancía que él necesita.
1.4.5 Con este propósito se han usado diferentes metales por diferentes naciones. El hierro fue el instrumento común de comercio entre los antiguos espartanos; el cobre entre los antiguos romanos, y el oro y la plata entre todas las naciones ricas y comerciales.
1.4.6 Con este propósito estos metales parecen que originalmente fueron usados en simples y toscas barras, sin ninguna estampilla o acuñación. Así pues, como nos dice Plinio [NOTA: copio la nota que figura en la edición online de la Viuda e Hijos de Santander, Valladolid, 1794, traducida por don José Alonso Ortiz: Plinio, Historia Natural, libro 33, capítulo III], bajo la autoridad de Timeo, un antiguo historiador, que hasta los tiempos de Servio Tulio, los romanos no tenían dinero acuñado, pero hicieron uso de barras de cobre sin estampillar para las compras. Esas barras realizaban, por lo tanto, la función del dinero.
1.4.7 El uso de los metales en ese estado rudo tenían dos inconvenientes muy importantes: primero, el problema del pesaje, y segundo, el de comprobar su pureza. En los metales preciosos, donde una pequeña diferencia en la cantidad hace una gran diferencia en el valor, incluso la actividad de pesaje, con la debida exactitud, requiere el uso de balanzas y pesas por lo menos muy exactas. El pesaje de oro, en particular, es una operación de alguna delicadeza. En los metales más toscos, de hecho, donde un pequeño error sería de poca consecuencia, no es necesaria tanta precisión. Sin embargo, debemos encontrar excesivamente molesto, si cada vez que un pobre hombre tiene necesidad, ya sea para comprar o vender un penique del valor de las mercancías, se vio obligado a sopesar el penique [En realidad, el farthing no es un penique, sino más bien un cuarto de penique, pero esa moneda no existe ya, y como desconozco su traducción al castellano, lo dejo como penique, que en realidad hoy cumple el valor del farthing, es decir, como moneda de calderilla. Otros traducen por ardite, pero esta era una moneda castellana de poco valor (ver este la definición de ardite en este enlace de Wordreference) tan desconocida como el farthing en tierras de habla española, por lo que usar esta palabra sería de escasa utilidad. En Google, imágenes de ardites, y de farthings]. La operación de testar la pureza del metal es aún más difícil, aún más tediosa, y, a menos que una parte del metal sea bastante fundido en un crisol, con disolventes adecuados, cualquier conclusión que puede extraerse de ella, es sumamente incierta. Antes de que la institución del dinero acuñado, sin embargo, a menos que fue a través de esta tediosa y difícil operación, las personas estuvieron siempre sujetas a los más groseros fraudes e imposiciones, y en lugar de una libra de peso de pura plata, o cobre puro, podría recibir, a cambio por sus productos, una composición adulterada de los materiales más baratos y rudos, que, sin embargo, en su aspecto exterior, se asemejan a los metales. Para impedir esos abusos, a fin de facilitar los intercambios y, por ende, para alentar todos los tipos de la industria y el comercio, se ha considerado necesario, en todos los países que han hecho algún avance considerable, a colocar un sello público a determinadas cantidades de este tipo de metales utilizados para la adquisición de bienes. De ahí el origen del dinero acuñado, y de las oficinas públicas llamadas casas de la moneda; instituciones exactamente de la misma naturaleza con las de los aulnagers [aulnager o analger = oficial al cargo de la inspección de la lana o de los artículos hechos de lana] o estampilladores de lana de lino. Todos ellos son igualmente destinados a determinar, por medio de un sello público, la cantidad y la bondad de los diferentes productos básicos, llevados al mercado.
1.4.8 Los primeros sellos públicos de este tipo que se acuñaron sobre los metales parece que en muchos casos fueron destinados a determinar, aquello que era tanto más difícil y más importante, la calidad o la pureza de metal, y que se asemejaba a la marca esterlina que es en la actualidad se coloca en las placas y las barras de plata, o de las marcas españolas que a veces es colocada en lingotes de oro, y que son estampilladas sólo a un lado de la pieza, y no cubren toda la superficie, y da prueba de la finura pero no del peso del metal. Abraham pesa a Ephron los cuatrocientos siclos [shekels en el original] de plata [[NOTA: copio la nota que figura en la edición online de la Viuda e Hijos de Santander, Valladolid, 1794, traducida por don José Alonso Ortiz: Siclo era una moneda que usaban los Hebreos y era de dos especies; una llamada del Santuario y otra Siclo de la Congregación; la primera pesaba 4 ochavas castellanas, que componen media onza, y el siclode la Congregación la mitad o dos ochavas solamente] que había accedido a pagar por el campo de los Machpelah. Se decía, sin embargo, que a pesar de ser dinero normalmente usado por los comerciantes, son pesadas y no aceptado bajo palabra, de la misma manera que los lingotes de oro y barras de plata lo son en la actualidad. Los ingresos de los antiguos reyes sajones de Inglaterra se decía que debían ser pagadas, no en dinero, sino en vituallas y provisiones de toda clase. Guillermo el Conquistador introdujo la costumbre de pagarlas en dinero. Ese dinero, sin embargo, fue durante mucho tiempo recibido por el Tesoro, en atención a su peso, no a cuenta.
1.4.9 La inconveniencia y la dificultad de pesar aquellos metales con exactitud dio ocasión a la institución de las monedas, de la cual el estampillado, cubriendo enteramente ambas caras, y a veces el borde también, supuestamente aseguraban, no sólo la finura, sino también el peso del metal. Dichas monedas, sin embargo, son recibidas como en el presente a cuenta, sin el inconveniente del pesaje.
1.4.10 La denominación de aquellas monedas parecen que originalmente expresaban el peso el peso de la cantidad de metal contenida en ellas. En los tiempos de Servio Tulio, quién fue el primero en acuñar moneda en Roma, el as romano o pondo, contenía inicialmente una libra romana de buen cobre. Este, a su vez, fue subdividido, de la misma manera que nuestra libra Troy en doce onzas Troy, cada una de las cuales contenía una onza de buen cobre [una onza Troy es exactamente 31.1034768 gramos y una onza Avoirdupois es exactamente 28.349523125 gramos, pero la libra Troy equivale a doce onzas Troy y la libra Avoirdupois equivale a 16 onzas Avoirdupois, con lo que se da la paradoja que una libra Avoirdupois (aprox. 454 gramos) pesa más que una libra Troy (aprox. 373 gramos). La compra de metales preciosos, oro, plata y platino, aún hoy en día se realiza en libras Troy, por ejemplo, en eBay, lo que puede llevar a engaño a un inocente comprador, ya que la libra actual pesa aprox. lo mismo que una Avoirdupois, es decir, 453.59237 gramos, mientras que los metales preciosos se compran y venden en libras Troy]. La libra esterlina inglesa, en los tiempos de Eduardo I, contenía una libra peso Tower de plata, de finura conocida [Una libra peso Tower equivale a 350 gramos]. La libra Tower parece que tenía algo más que una libra romana [273 grs.] y algo menos que la libra Troy [373,35 grs., o este enlace]. Esta última no fue introducida en las Casas de acuñación hasta el año decimoctavo del reinado de Enrique VIII. La libra francesa [aquí el autor usa la expresión «The French livre» en vez de «The Freanch pound», pues era conocida por el primero y no por el segundo (livre es libra en francés y pound libra en inglés)] contenía en los tiempos de Carlomagno una libra [aquí usa la palabra inglesa «pound»] peso Troy, de plata de una reconocida finura [en Francia habían varios pesajes llamados livres; los más conocidos la libra Troy (de Troyes) y la libra de Paris. Parece que aquí se refiere a la primera]. La feria de Troyes, en la Champaña francesa era en aquel tiempo frecuentada por todas las naciones de Europa, y los pesos y las medidas de tan famoso mercado eran generalmente conocidas y estimadas. Una libra de dinero escocés contenía, desde el tiempo de Alejandro I hasta el de un tal Roberto Bruce [del siglo XII al XIV] una libra de plata del mismo peso y finura que la libra esterlina inglesa. Los peniques ingleses, escoceses y franceses, también, contenían todos originalmente el peso de un penique de plata, la vigésima parte de una onza y la doscientas cuarentava parte de una libra [en la actualidad el Reino Unido usa el sistema decimal y una libra equivale a 100 peniques, no a 240]. El chelín también parece originalmente ser una denominación de peso. Dice un viejo estatuto [ley] de Enrique III: "Cuando el trigo estaba a doce chelines el cuartal [pan que era la cuarta parte de una hogaza, y una hogaza era un pan de más de 2 libras], un pan blanco y fino por valor de un farting pesará once chelines y cuatro peniques". Sin embargo, la proporción entre un chelín y un penique, por una parte, y una libra, por otra parte, parece no haber sido tan constante y uniforme como entre un penique y una libra. Durante la primera clase de reyes de Francia, el sueldo [sous en el original] francés [moneda francesa de bronce, que a veces equivalía a 5 céntimos, a veces a 10 céntimos] o chelín parece haber equivalido en diferentes ocasiones a 5, 12, 20 o 40 peniques. Entre los viejos sajones, un chelín parece que equivalía sólo a cinco peniques, y no es improbable que su valor haya sido tan variable como entre sus vecinos, los viejos francos. Desde los tiempos de Carlomagno [748-814] entre los franceses, y desde los tiempos de Guillermo el Conquistador [1028-1087] entre los ingleses, la proporción entre la libra, el chelín y el penique parece que quedó constantemente establecida como en la actualidad, a pesar de que el valor de cada una ha sido muy diferente. En cada país del mundo, pienso, que la avaricia y la injusticia de los príncipes y los estados soberanos, abusando de la confianza de sus súbditos, han ido gradualmente disminuyendo la cantidad real de metal, que originalmente contenían sus monedas. El as romano, en la última era de su República fue reducido a la vigésima parte de su valor original, y en vez de pesar una libra, llegó a pesar media onza [recordemos que una libra Troy - y también una Tower - tenían doce onzas Troy - o Tower, según el caso]. La libra y el penique ingleses contienen una tercera parte de su peso original. La libra y el penique escoceses sólo la treintaiseisva parte. Y la libra y el penique franceses sólo la sesentaiseisava parte de su valor original. Por medio de estas operaciones los príncipes y los estados soberanos que las han llevado a cabo eran capaces, en apariencia, de pagar sus deudas y cumplir sus compromisos con una pequeña cantidad de plata que de otra manera no hubiera sido suficiente. Así ocurrió tan sólo en apariencia; sus acreedores creyeron ser estafados en una parte de lo que se les debía. Todos los demás deudores de la nación gozaron del mismo privilegio, y debían pagar con la misma suma nominal de la nueva y degradada moneda aunque ellos hubieran recibido la suma de dinero prestada de la vieja moneda. Todas estas operaciones fueron favorables al deudor y ruinosas para el acreedor, y a veces produjeron un gran vuelco en algunas fortunas privadas, del mismo modo que podrían haber sido ocasionadas por una gran calamidad pública.
1.4.11 De este modo el dinero se convirtió en todas las naciones civilizadas en un instrumento universal de comercio, y por su intermedio, mercancías de todo tipo son compradas y vendidas, o intercambiadas por otras.
1.4.12 A continuación procederé a examinar cuales son las reglas por las que se rige este comercio. Esas reglas determinan lo que podría ser denominado el valor relativo o de cambio de las mercaderías.
1.4.13 Es necesario observar que la palabra valor tiene dos significados; a veces expresa la utilidad de un objeto particular, y otras el poder de adquisición de otras mercancías que ese objeto conlleva. El primero debe ser denominado «valor de uso» y el segundo «valor de cambio». Las cosas que tienen un gran valor en uso tienen frecuentemente un escaso o ningún valor de cambio; y al contrario, aquellas cosas que tienen un gran valor de cambio tienen frecuentemente poco o ningún valor de uso. Nada es más útil que el agua, pero con ella escasamente se podrá comprar nada. Un diamante, al contrario, tiene apenas valor de uso, pero una gran cantidad de otras mercancías pueden ser intercambiadas por él.
1.4.14 Procuraré mostrar los principios que regulan el valor intercambiable de las mercancías que he investigado. Primero, cuales la medida real de ese valor intercambiable o en que consiste el precio real de todas las mercaderías. Segundo, cuales son las diferentes partes que compone ese precio real. Y por último, cuales son las diferentes circunstancias que a veces elevan todas o cada una de esas diferentes partes del precio por encima, o a veces hunden dicho precio por debajo de su precio natural. O cuales son las causas que a veces dificultan el precio de mercado, que es el precio real de las mercaderías, coincidiendo exactamente con lo que debería ser llamado su precio natural.
1.4.15 Me esforzaré en explicar tan plena y claramente como pueda, estas tres materias en los tres siguientes capítulos, para lo cual debo encarecidamente rogar la atención y la paciencia del lector. Su paciencia para examinar detalladamente lo que en algunos lugares parecerá ser innecesariamente tedioso; y su atención para entender lo que quizás, después de la explicación completa que yo seré capaz de dar, aparecerá todavía de alguna manera oscuro. Siempre estoy deseoso de correr algún riesgo, de ser tedioso para asegurarme de ser perspicaz; y después de experimentar los máximos esfuerzos para que yo pueda ser claro, alguna oscuridad todavía parecerá quedar en la materia por su naturaleza extremadamente abstracta.



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